viernes, 29 de marzo de 2019

Homilía del III Domingo de Cuaresma



YAHWEH de McNichols
Hoy hacemos memoria de un Moisés venido a menos,
que pastoreaba el rebaño de su suegro sacerdote y ganadero.
Atravesando el desierto, también él se elevó subiendo
al macizo de Sin, la montaña del dios madianita y de la diosa lunar.
Allá tuvo la experiencia trascendente de una zarza en llamas
y preguntó quién es Dios y cuál es su Nombre escondido, 
el Nombre que no se podría ni siquiera pronunciar.

No es un Nombre estático (como el Eterno, el Todopoderoso, el Justísimo...),
sino el Nombre que se revela en un dinamismo encarnado
del que ha visto la opresión del pueblo y conoce muy bien sus sufrimientos.
“Yo soy YAVÉ” (el que “ja-vé”, ya viene, como decís los mallorquines,
vosotros tan lentos y remolones,  indecisos cuando urge re-accionar).

Para Mí todos sois iguales: Los galileos, zelotes radicales,
y los jerosolimitanos de la capital orgullosa. “Yo Soy el que soy”,
Quien escucha el clamor del oprimido y baja a intervenir,
se corona de espinas como Jesús, en el pretorio,
porque la zarza espinosa es mi lugar teofánico predilecto,
símbolo de humildad, de pequeñez y de sangre.


Pero yo también prendo el fuego del amor y del cambio,  
el Fuego del  Espíritu que arderá sin consumirse.
                                                              Quien descubre mi Presencia
se descalza para tomar contacto directo con la tierra sagrada
y sentirse enviado al Egipto –de ayer y de hoy- que es el imperio
de los faraones inclementes, de los pilatos que mezclan
la sangre de víctimas humanas  con la de los animales,
de los que no lloran la muerte de los obreros
aplastados por la torre. 
                                              ¿Pensáis que eran más culpables que
vosotros, vosotras, la gente de esta generación?
Todos necesitáis un corazón nuevo. Sois higueras estériles
en terreno baldío. Y me gustaría que alguien de vosotros
tuviera la caridad de interceder, el valor de comprometerse
a cavar, a abonar el árbol que ha dado cobijo a vuestra casa
en los años de la escasez y el hambre.

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