En un post del 7 de diciembre recogía tres instantáneas sobre el Fundador, con algunos comentarios sobre lo mucho que han evolucionado la iconografía y los cantos que le dedicamos. En vísperas de su fecha centenaria, las enriqueceré con tres apuntes más.
1. Su descendencia en Santo Domingo
En mi último viaje, volví a visitar el Monumento de la Casa de Espiritualidad de La Islita (Santiago de los Caballeros), dedicado a la memoria de los misioneros que “brillan como estrellas en el firmamento” de la Delegación del Caribe. El P. Francisco Gayá - convertido motu propio en su custodio, como Odulio de los rosales de los mártires de la UCA-, se encarga de adornarlo con flores y plegaria. Como los muros de contención de inundaciones, construidos con tenacidad por el P. Jesús Jordán, lo habían descuadrado un tanto, acordamos con el P. Miguel aplicarle un ligero maquillaje (un haitiano recortó las cañas de bambú y recogió las pencas secas que tapaban la vista; Nene Espinal colaboró, gratuitamente, fabricando el título “Memorial” en plancha de hierro, y las pequeñas cruces de varillas arqueadas, foto y datos identitarios). Por las fotografías colgadas en su web , veo que forman una segunda lista de 4 congregantes y la primera laica misionera, consagrada en su lecho de muerte, Ángela Santo Cayetano (la entrañable Molola).
Aprovecho para recuperar y completar las estrofas del canto que compusimos a finales de los años 80, y que ahora cobra un sensus plenior en el 50 aniversario de la llegada a República Dominicana y en el Centenario del Fundador. ¡Qué hermosos los pies –blancos o morenos- del mensajero de la visión del profeta Isaías, contemplados desde la cordillera de Constanza!
¡Es hermoso ver bajar de la montaña
los pies del mensajero de la paz!
(1890) La montaña es Horeb, Tabor o Randa
y el mensaje es el fuego del amor.
(1954) En un viejo barco llegaron
cuatro hijos del P. Rosselló.
(50 ANIV) En la línea, el desierto y la frontera
entre el pueblo hicieron su inserción.
(1955) Juan Horrach fue el primero en dar la vida,
que en un año gastó y se desgastó.
(1977) Y después lo imitó el P. Vicente,
entre caña de azúcar se sembró.
(2002) Junto a él fue enterrado Miguelito,
tan chiquito y tan alto que llegó.
(2007) Aunque Andrés morirá fuera en Mallorca,
en Fantino dejó su corazón.
(1992) De Molola se guarda en la Islita
la memoria de su consagración.
(CENTENARIO) Son 100 años de historia en la montaña
y el desierto florece en la misión.
2. Acción de gracias desde Argentina
1. Su descendencia en Santo Domingo
En mi último viaje, volví a visitar el Monumento de la Casa de Espiritualidad de La Islita (Santiago de los Caballeros), dedicado a la memoria de los misioneros que “brillan como estrellas en el firmamento” de la Delegación del Caribe. El P. Francisco Gayá - convertido motu propio en su custodio, como Odulio de los rosales de los mártires de la UCA-, se encarga de adornarlo con flores y plegaria. Como los muros de contención de inundaciones, construidos con tenacidad por el P. Jesús Jordán, lo habían descuadrado un tanto, acordamos con el P. Miguel aplicarle un ligero maquillaje (un haitiano recortó las cañas de bambú y recogió las pencas secas que tapaban la vista; Nene Espinal colaboró, gratuitamente, fabricando el título “Memorial” en plancha de hierro, y las pequeñas cruces de varillas arqueadas, foto y datos identitarios). Por las fotografías colgadas en su web , veo que forman una segunda lista de 4 congregantes y la primera laica misionera, consagrada en su lecho de muerte, Ángela Santo Cayetano (la entrañable Molola).
Aprovecho para recuperar y completar las estrofas del canto que compusimos a finales de los años 80, y que ahora cobra un sensus plenior en el 50 aniversario de la llegada a República Dominicana y en el Centenario del Fundador. ¡Qué hermosos los pies –blancos o morenos- del mensajero de la visión del profeta Isaías, contemplados desde la cordillera de Constanza!
¡Es hermoso ver bajar de la montaña
los pies del mensajero de la paz!
(1890) La montaña es Horeb, Tabor o Randa
y el mensaje es el fuego del amor.
(1954) En un viejo barco llegaron
cuatro hijos del P. Rosselló.
(50 ANIV) En la línea, el desierto y la frontera
entre el pueblo hicieron su inserción.
(1955) Juan Horrach fue el primero en dar la vida,
que en un año gastó y se desgastó.
(1977) Y después lo imitó el P. Vicente,
entre caña de azúcar se sembró.
(2002) Junto a él fue enterrado Miguelito,
tan chiquito y tan alto que llegó.
(2007) Aunque Andrés morirá fuera en Mallorca,
en Fantino dejó su corazón.
(1992) De Molola se guarda en la Islita
la memoria de su consagración.
(CENTENARIO) Son 100 años de historia en la montaña
y el desierto florece en la misión.
2. Acción de gracias desde Argentina
Además de la canción citada en las Instantáneas anteriores, los estudiantes teólogos del barrio “22 de Enero” nos envían la siguiente. Denis Evina es un camerunés aficionado a la poesía, a quien le gusta orar contemplando el día a día. Los motivos de la “baraká” que entona por la obra que Dios ha hecho en nuestro Padre son esperanzadores (por el don de su vida y de su historia, por la familia espiritual que congregó alrededor, por su carisma misionero y contemplativo…). El ritmo, acompañado de palmas y tambores, puede resultarnos ruidoso y bullanguero (“Oh oh oh alegría, oh oh oh cantamos, oh oh oh agradecemos, oh oh oh oh oh oh”). Pero resulta juvenil y contagioso. Y ¿quién puede negar que alaba el mismo Espíritu presente entre nosotros y fructificando hoy?
DANDO GRACIAS
Padre Joaquín, mira a tus hijos hoy en fiesta,
dando gracias al Señor:
Por el don y el regalo de tu vida,
dando gracias por la familia en que naciste…
Por la elección y vocación que recibiste,
dando gracias por Trigueros, tu acompañante…
Por la vida y el Instituto que amaste,
dando gracias por la confianza, que en Dios pusiste…
Por la herencia misionera que dejaste,
dando gracias por el fuego que encendiste…
Por los desiertos y la oración contemplativa,
dando gracias por ser orante en la misión…
Tu espíritu sigue presente en nuestra vida,
dando gracias por los frutos hoy cosechados…
3. Himno del Centenario
DANDO GRACIAS
Padre Joaquín, mira a tus hijos hoy en fiesta,
dando gracias al Señor:
Por el don y el regalo de tu vida,
dando gracias por la familia en que naciste…
Por la elección y vocación que recibiste,
dando gracias por Trigueros, tu acompañante…
Por la vida y el Instituto que amaste,
dando gracias por la confianza, que en Dios pusiste…
Por la herencia misionera que dejaste,
dando gracias por el fuego que encendiste…
Por los desiertos y la oración contemplativa,
dando gracias por ser orante en la misión…
Tu espíritu sigue presente en nuestra vida,
dando gracias por los frutos hoy cosechados…
3. Himno del Centenario
Voy a incluir, en último lugar, un Himno del Centenario (1990) con letra de Jaume Reynés y música del, fallecido hace unos meses, P. Joan Melià. Recuerdo que compuse el texto, con poca espontaneidad, como un tejido laborioso, cuando estaba de maestro de estudiantes en Barcelona. El P. Joan, párroco de Sant Mateu d’Esplugues, lo trabajó con gran dedicación. Guardo el original que nos trajo un día contento como unas pascuas. Reunió nuestra comunidad, nos lo hizo escuchar, ensayar… Si mal no recuerdo, contábamos con las buenas voces de Llorenç y de Aleix, de García, de Pere y Emilio… Lo dimos a conocer con la propuesta de que cada Delegación añadiera una estrofa desde las distintas realidades. Escribimos dos, procedentes de Roma y el Caribe. La del P. Matteo ignoro dónde fue a parar. La mía era de lo más surrealista: “Disparar, qué gran deporte con un buen rifle! Ven al pie de este calvario, Padre Joaquim!”… El buen P. Meliá se llevó un buen disgusto porque el Himno brilló por su ausencia en la celebración de San Honorato. Hablando con el P. Gaspar, pensamos que sería un bonito gesto que la escolanía de Lluc lo estrenara en la celebración, presidida por el obispo de Mallorca, el próximo 20 de diciembre… Pienso si será buena idea. ¿No resulta una letra demasiado romántica? Contesto que, para un mallorquín, su botánica es real y emblemática (el olivo centenario prometedor del aceite que evoca la fraternidad sálmica, el almendro profético de Jeremías que despunta apenas pasa el duro invierno, la mostaza de la cocina que podría mezclar sus raíces con las alcaparras del Ermitorio…) ¿Dónde está la bandada de pájaros que vuelan hacia los cuatro puntos cardinales? Las aves migratorias de África, las grullas de los Grandes Lagos, y poco más. Me digo: Bueno, será un buen motivo de reafirmar la fe en la fecundidad de nuestro carisma para tiempos difíciles.
Vos cantam una cançó,
mare olivera,
vos cantam una cançó,
pare ametler,
de la petita llavor
com la mostassa,
que a la muntanya de Randa
hi posà arrels.
I omplirem de caderneres
les vostres branques,
niarem amb plomissol del nostre bec;
besarem la soca, mare, ja centenària,
i després volarem, pare!, pels quatre vents.






