miércoles, 2 de enero de 2013

LOS PROFETAS de M. Avilés Blonda (6)


6. EL PROFETA DESCONOCIDO, QUE ES EL PUEBLO

El libro de Avilés termina con dos bellos poemas, que no me resisto a reproducir íntegramente:



6. 1 Texto
Qué gran peso al respirar

"Qué gran peso al respirar tiene esta Dispersión.
No hay templo y se quedan vacíos de aire
los pechos, las espaldas, pero qué bueno...
queda la Presencia dentro del corazón.

Y eso es un hermoso Cambio
y da la posibilidad de un Templo Verdadero".

El profeta desconocido

"Tal vez lapidado en el sur
o en cualquier punto de la tierra
como un Esteban anterior
al grano de mostaza,
a la uva y el pan,
al agua del costado...

Duro aire en la noche,
voz entre piedras,
voz entre metales y colores,
voz de flor,
voz de hoja clara y agua verde,
voz de mañana y de montaña,
Tú el que no se menciona
en ningún sitio
porque eres el pobre Pueblo,
el puro Pueblo.

Sin nombre como Yo".


6. 2 Comentario final

Voy a seguir básicamente el comentario de María del Carmen Prodoscimi, que me parece perfecto. "Los dos últimos poemas anuncian el mensaje del poeta... Vemos que a diferencia de otros poetas que han estructurado su obra sobre una única y constante preocupación religiosa o en versículos que intentan reflejar los tradicionales, Avilés sostiene una doble vertiente: la preocupación - a veces simple nominación que evidencia al creyente- religiosa como uno de sus trasfondos culturales unidos a los clásico, y la preocupación de índole social. Creemos que ambas líneas confluyen hacia el final de Los profetas. En "Qué gran peso al respirar tiene esta Dispersión" se opone la presencia interior que anuncia el cambio, como apunta el símbolo múltiple en la mayúscula: `Y eso es un hermoso cambio / y da la posibilidad de un Templo Verdadero´.

El poema debe ser leído junto al breve pero refulgente poema final... No en vano Avilés menciona el Sur, bien denotado en su poesía por el abandono, para adelantar el cierre. Ubica entonces al profeta en su circunstancia, elevándolo hacia lo universal en la corriente religiosa que cada palabra alude... Cada elemento que entronca con las notaciones de los profetas anteriores y sitúa al profeta desconocido... El no mencionado, el pobre y puro Pueblo con el que se identifica el poeta "sin nombre como Yo" es el anunciador del Cambio del poema anterior y de tantas composiciones precedentes" (132-133).
Qué optimismo ante la crisis post-conciliar de la Iglesia, no puedo dejar de pensar. La Diáspora producida, la Dispersión disgregante, la falta de aire, la deserción de tantos y tantas, la escasez de vocaciones proféticas, la vuelta atrás para guarecernos bajo techo a buen recaudo...
Probablemente Avilés no piensa en esta óptica, pero qué profético. Qué bueno, qué evangélico suena. Queda la Presencia de la Shekiná y la Libertad interior, queda el Espacio conquistado... Y eso es un hermoso Cambio (dejémoslo así, en lo sugerente de la mayúscula), al eco de las palabras de Jesús de Nazaret junto al pozo samaritano Jn 4, 24. Queda nuestra pequeña voz -"un gemido pequeño"- contra las piedras, el ejército de metales, contra el cambiar de lunas y de dunas.
Este Cambio lo produce el Pueblo profético de que hablan Joel y Pedro en Pentecostés. El Pueblo anónimo del sur marginado y reivindicado, o de cualquier parte, no importa. El Pueblo del que formamos parte también nosotros y nosotras, lectores anónimos y  porta-voces.

Pintura: Ozama de Cl. Ledesma

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