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sábado, 4 de junio de 2016

Los Sagrados Corazones, Iconos de un Dios compasivo y misericordioso (Domingo X ciclo C: Lc 7,11-17)




      1. Somos hijos de viuda
Una humanidad de hijos de Adán (de arcilla roja venimos y a las cenizas vamos) y Eva (madre de todos los vivientes, “la traspasada” y “la abierta”). Hijos de la Madre Iglesia. Hijos de María, la Comunidad de Jesús y del Discípulo Amado. Pequeños como niños, inocentes indefensos, traspasados y enfermos, muertos antes de tiempo. En el cuerpo y espíritu. Cuando ocurre este pasaje lucano, me recuerdo siempre de aquella película  "Un hombre llamado caballo", donde una mujer viuda pierde a su único hijo en la batalla. Para significar el desamparo total ella misma se mutilaba los dedos de la mano derecha y era arrojada al recinto del cementerio indio donde los cadáveres se pudren al sol. Hemos de ser conscientes de que provocamos lástima.

      2.       Dios tiene Corazón.
“Jesús se compadeció de ella  y le dijo: No llores”. Hoy celebramos la Fiesta de los Sagrados Corazones. Nuestro Dios tiene Corazón, es Amigo de la Vida. El Corazón de Jesús traspasado y abierto. El Corazón de la Madre atravesado por la cruz y las espadas. Los Corazones como rostro e icono de un Dios que no quiere que lloremos ni que estemos muertos.


      3. Fuente de vida
“Muchacho, a ti te lo digo: levántate”. Los SS.CC. consuelo de los afligidos, sanación de las heridas, resurrección dela muerte. El Espíritu que resucitó a Jesús nos resucitará a nosotros también, escribe el apóstol Pablo. “El muerto se incorporó, empezó a hablar, y Jesús se lo entregó a su madre”. Entrega a todos los que malviven en condiciones inhumanas… a la humanidad. A nosotros, Comunidad de creyentes en Jesús Resucitado, nos entrega a todas las personas heridas. Nos hace “reparadores de ruinas y resucitadores de muertos”.
Dejemos que Dios, Padre y Madre misericordiosos, sanen y trasplanten nuestro corazón indiferente por un corazón sensible. Dejemos que la Vida nos “empodere”. Ya que hemos recibido Vida y Cordialidad del cielo, compartámoslas con los otros aquí en la tierra.

viernes, 19 de junio de 2015

PAPA FRANCISCO Y LAS HERIDAS DEL CORAZÓN

CONTEMPLATIVO EN LA ACCIÓN


(En este mes de Junio dedicado al Sagrado Corazón, hallo unas respuestas del papa en un encuentro con las “Comunidades de Vida Cristiana” de los jesuitas, que no tienen desperdicio (Aula Pablo VI Jueves 30 de abril de 2015).  Don Bártolo, un sacerdote diocesano, le pregunta cómo ser contemplativo en la acción en esta sociedad de mucha acción y poca contemplación)

“Ser contemplativo en la acción no es caminar por la vida mirando el cielo, porque caerás en un agujero, ¡con toda seguridad!... Es necesario comprender qué significa esta contemplación. Has dicho una cosa, unas palabras que me han impresionado: he tocado con la mano las heridas del Señor en la pobreza de los hombres de nuestro tiempo. Creo que éste es uno de los mejores remedios para una enfermedad que nos afecta tanto, que es la indiferencia. También el escepticismo: creer que no se puede hacer nada. El patrono de los indiferentes y escépticos es Tomás: Tomás tuvo que tocar las heridas.

PONER LA MANO EN LAS HERIDAS

(La respuesta del papa lleva el mismo título que nuestro Blog: “Las heridas del corazón”. El apóstol Tomás como paradigma del hombre y la mujer de hoy. Nuestro patrono y nuestro mellizo)

Hay un hermosísimo discurso, una hermosísima meditación de san Bernardo sobre las llagas del Señor. Entrar en las heridas del Señor: servimos a un Señor llagado de amor; las manos de nuestro Dios son manos llagadas de amor. Ser capaces de entrar allí… Y el mismo Bernardo prosigue: «Ten confianza: entra en la herida de su costado y contemplarás el amor de ese corazón».

Las heridas de la humanidad, si te acercas allí, si tocas —y esta es doctrina católica—, tocas al Señor herido. Esto lo encontrarás en Mateo 25, no soy herético diciendo esto. Cuando tocas las heridas del Señor, comprendes un poco más el misterio de Cristo, de Dios encarnado. Este es precisamente el mensaje de Ignacio, en la espiritualidad: una espiritualidad en cuyo centro está Jesucristo, no las instituciones, no las personas, no. Jesucristo. Pero, ¡Cristo encarnado! Y cuando haces los ejercicios espirituales, él te dice que viendo al Señor que sufre, las heridas del Señor, esfuérzate por llorar, por sentir dolor. Y la espiritualidad ignaciana indica a vuestro Movimiento este camino, le ofrece este camino: entrar en el corazón de Dios a través de las heridas de Jesucristo. Cristo herido en los hambrientos, en los ignorantes, en los descartados, en los ancianos solos, en los enfermos, en los presos, en los locos…, está allí. ¿Y cuál podría ser el error más grande para uno de vosotros? Hablar de Dios, hallar a Dios, encontrar a Dios, pero un Dios, un «Dios-spray», un Dios difuso, un Dios etéreo… Ignacio quería que encontraras a Jesucristo, el Señor, que te ama y dio su vida por ti, herido por tu pecado, por mi pecado, por todos… Y las heridas del Señor están por doquier. En lo que has dicho está precisamente la clave. Podemos hablar mucho de teología, mucho de… cosas buenas, hablar de Dios…, pero el camino es que seas capaz de contemplar a Jesucristo, leer el Evangelio, qué hizo Jesucristo: ¡es Él, el Señor! Y enamorarte de Jesucristo y decirle a Jesucristo que te elija para seguirlo, para ser como Él. Y esto se hace con la oración y también tocando las heridas del Señor. Jamás conocerás a Jesucristo, si no tocas sus llagas, sus heridas. Él fue herido por nosotros. Este es el camino, es el camino que nos ofrece la espiritualidad ignaciana a todos nosotros: el camino…

ES EL ÚNICO CAMINO PARA LAS VOCACIONES SACERDOTALES

Y voy incluso algo más allá: eres formador de futuros sacerdotes. Por favor, si ves a un muchacho inteligente, bueno, pero que no tiene esta experiencia de tocar al Señor, de abrazar al Señor, de amar al Señor herido, aconséjale que se tome unas hermosas vacaciones de uno o dos años…, y le harás bien. «Pero padre, somos pocos sacerdotes: tenemos necesidad de ellos…». Por favor, que la ilusión de la cantidad no nos engañe y nos haga perder de vista la calidad. Tenemos necesidad de sacerdotes que recen. Pero que recen a Jesucristo, que desafíen a Jesucristo por su pueblo, como Moisés, que tenía cara dura para desafiar a Dios y salvar al pueblo que Dios quería destruir, con valentía delante de Dios; sacerdotes que también tengan la valentía de sufrir, de sobrellevar la soledad y dar mucho amor. También para ellos vale ese discurso de Bernardo sobre las llagas del Señor. 



jueves, 11 de junio de 2015

EL REINO SE PARECE A LOS SAGRADOS CORAZONES (FIESTA DE LOS SAGRADOS CORAZONES, 14 Junio 2015)

(Homilía del Domingo XI del Tiempo Ordinario, basada en Mc 4,26-34; Ef 3,8-19; Lc 2,51-52)

Después de la solemnidad del Sagrado Corazón de Jesús y de la memoria obligatoria del Inmaculado Corazón de María, los MSSCC tenemos, además, la tradición de celebrarlos unidos en una fiesta de los Sagrados Corazones. Comentaremos el evangelio de este domingo desde la óptica de nuestra espiritualidad.

“El reino de Dios se parece a un hombre que echa simiente en la tierra” (Mc 4,26). En sentido propio, no es que el reino de Dios se parezca a un hombre, sino al poder del Dios del reino que hace crecer la semilla sembrada en tierra. Las palabras de Jesús nos remiten, pues, a las raicillas que crecen hacia el interior, y a la fuerza que la hace germinar desde el corazón que es la interioridad de cada persona. Cuando hablamos de “Sagrados Corazones”, también somos invitados a mirar “hacia adento y hacia arriba”.

“Él duerme…; la semilla va creciendo, sin que él sepa cómo” (4,27). M. Navarro hace notar que “la imagen recuerda de inmediato el vientre gestante de una mujer… En la mentalidad semítica la potencialidad se encuentra en la semilla, propia del principio masculino”[1]. En esta fiesta de “la Alianza del Corazón de Jesús en el Corazón de su Madre”, me parece oportuno remitirnos a lo que es “Primero”, según san Juan, y que nuestras Reglas llaman el “Principio Dinámico”[2]. Marcos recoge “la parábola de la semilla que crece por sí sola” (lo importante es el Amor de Dios que actúa, incluso cuando dormimos o nos ocupamos en otras tareas). Subraya lo que probablemente era la lección de la parábola del sembrador en boca de Jesús (“¡No dejen de sembrar, que siempre se recoge algún fruto!” Mc 4,8) y que luego la  catequesis de la comunidad alegorizó insistiendo en nuestra respuesta (“¿Cómo está preparado tu terreno?” cfr Mc 4,14-20). Marcos apela de tal manera a la confianza en Dios (“¡Sagrado Corazón de Jesús, en vos confío!”) que los otros evangelistas prefirieron omitir esta parábola por miedo al exceso.

“Dijo también: ¿Con qué podemos comparar el reino de Dios? Con un grano de mostaza… la semilla más pequeña, pero después echa ramas tan grandes que los pájaros del cielo pueden cobijarse y anidar en ellas” (4, 30-32). Parábola que nos recuerda aquella otra sentencia que se ha relacionado con el Sagrado Corazón:  “Aprended de mí que soy manso/tolerante y humilde de corazón y encontrarán descanso para su vida” (Mt 11,29). El maestro nos invita a la “humildad” (del latín “humilitas” y ésta de “humus”, la capa más fértil de la tierra) para crecer y encontrar reposo. A una total confianza que se basa en la aceptación de nuestra pequeñez y en la experiencia de su Amor que nos da refugio.

“La gracia de anunciar a los gentiles la riqueza insondable que es Cristo” (Efesios 3,8 otra de las lecturas características de esta fiesta, y la relaciono como decía el P. Joaquim Rosselló, nuestro fundador: la espiritualidad del Corazón de Jesús es “el tesoro escondido en el campo de la Iglesia”). Este es el “Evangelio” para la escuela paulina: La manifestación del “misterio escondido, el designio eterno”. “De los tesoros de su gloria, os conceda por medio de su Espíritu robusteceros en lo profundo de vuestro ser, que Cristo habite por la fe en vuestros corazones, que el amor sea vuestra raíz y vuestro cimiento”. Volvemos al principio: El Reino de Dios se parece a los Corazones de Jesús y su Madre, estamos enraizados y cimentados en el amor. El amor cristiano (que trasciende toda filosofía) sin exclusiones, para todos los pueblos y todas las personas y que puede llevarnos a “la plenitud total”.  El Papa Francisco ha resumido “la riqueza insondable” del Corazón de Cristo en el Jubileo (Año de júbilo, de gracia y perdón) de la Misericordia, que empezaremos el 8 de Diciembre, 50 aniversario de la conclusión del concilio Vaticano II:

“En este Jubileo dejémonos sorprender por Dios. Él nunca se cansa de destrabar la puerta de su corazón para repetir que nos ama y quiere compartir con nosotros su vida. La Iglesia siente la urgencia de anunciar la misericordia de Dios. Ella sabe que la primera tarea, sobre todo en un momento como el nuestro, lleno de grandes esperanzas y fuertes contradicciones, es la de introducir a todos en el misterio de la misericordia de Dios, contemplando el rostro de Cristo. La Iglesia está llamada a ser el primer testigo veraz de la misericordia, profesándola y viviéndola como el centro de la Revelación de Jesucristo. Desde el corazón de la Trinidad, desde la intimidad más profunda del misterio de Dios, brota y corre sin parar el gran río de la misericordia. Esta fuente nunca podrá agotarse, sin importar cuántos sean los que a ella se acerquen. Cada vez que alguien tendrá necesidad podrá venir a ella, porque la misericordia de Dios no tiene fin. Es tan insondable la profundidad del misterio que encierra, tan inagotable la riqueza que de ella proviene” (Misericordiae Vultus, 25).

“Todo se lo exponía (Jesús a la gente) con parábolas, pero a sus discípulos se lo explicaba todo en privado” (Mc 4,34). El deseo del papa de actualizar esta Buena Noticia ha provocado tensiones en la Iglesia porque remueve posiciones que se daban por inamovibles. Como “María conservaba y meditaba en su corazón” lo que no entendía. Así la espiritualidad del corazón –que es un “carisma”, “gracia o don concedido a algunos para ejercer un servicio a la comunidad”- puede ayudarnos a entender las dimensiones insospechadas del Amor de Dios.



[1] Cfr. Marcos (EVD, Estella, 2006, p. 160).
[2] “En esto consiste el amor: no en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que él nos amó primero y envió a su Hijo” (1Jn 4,10).





lunes, 21 de julio de 2014

El perill de dissoldre l’encarnació per un embut


(Articlet que he publicat a la revista sacerdotal catalana Bon Pastor 55-56, a la secció "Anunciar la Paraula")


Joan resumeix la fe cristiana en un sol verset: "La Paraula s’ha fet carn, i ha habitat entre nosaltres" (1,14). Però “no tots l’han reconegut”. Més tard, sant Agustí arribarà a dir que en els filòsofs pagans ell podria trobar paral·lels de tot el NT, excepte per aquest punt: "El Logos es va fer sarx (carn, realitat humana)".

Les cartes de Joan donen la clau per superar "el perill de la mala interpretació":

1Jn 4, 1-3 “Estimats, no us refieu de qualsevol que sembli inspirat; més aviat poseu-lo a prova per veure si és de Déu, perquè corren pel món molts falsos profetes. Reconeixereu
l’Esperit de Déu d’aquesta manera: l’esperit que confessa que Jesucrist ha vingut realment en la carn (s’ha fet realment home), és de Déu, però l’esperit que nega Jesús no és de Déu; aquest és l’esperit de l’Anticrist. Heu sentit a dir que arribava, i ara ja és al món…”

«A Joan, li preocupa en particular l'esperit enganyós (Mt 7,15) i vol oferir un criteri senzill per discernir (com Pau a 1Co 12,3). La pedra de toc és l'encarnació de Jesucrist, condició de la mort redemptora. És el que "vam veure i palpam" davant d'un docetisme incipient. En comptes de "no confessa" alguns manuscrits grecs i versions llegeixen "tot Esperit que dissol Jesús", és a dir, que dissol la seva realitat humana en aparença o separa la seva realitat humana de la funció messiànica» (L. Alonso Schökel).

Negar la realitat de l'encarnació té conseqüències molt greus: Jesús no hauria estat el nostre Salvador, ja que només un home pot salvar la humanitat. Ni el gran sacerdot que obre el nostre accés a Déu (cf. He 4,14). Ni hauria salvació del cos ni comunió real entre Déu i la persona. «No hi ha res al Cristianisme que sigui més central que la realitat de la humanitat de Jesucrist» (W. Barklay). «Al llarg dels segles ha suposat un obstacle per als que pretenen arribar a Déu mitjançant una sèrie de tècniques mentals i morals que menyspreen les limitacions de l'existència humana i busquen la salvació en el coneixement» (F. Martin).

El papa Francesc n’ha fet una relectura pastoral a l’Evangelii Gaudium, de la qual ressaltaré algunes formulacions que em semblen suggerents:

«Avui, que les xarxes i els instruments de la comunicació humana han aconseguit desenvolupaments inaudits» (87)… «Molts intenten escapar dels altres cap a la privacitat còmoda o cap al reduït cercle dels més íntims, i renuncien al realisme de la dimensió social de l’Evangeli. Perquè, així com alguns voldrien un Crist purament espiritual, sense carn i sense creu, també es pretenen relacions interpersonals només per mitjà d'aparells sofisticats, per pantalles i sistemes que es puguin encendre i apagar a voluntat. Mentrestant, l'Evangeli ens invita sempre a córrer el risc del trobament amb el rostre de l'altre, amb la seva presència física que interpel·la, amb el seu dolor i els seus reclams, amb la seva alegria que contagia en un constant cos a cos. La veritable fe en el Fill de Déu fet carn és inseparable del do de si, de la pertinença a la comunitat, del servei, de la reconciliació amb la carn dels altres. El Fill de Déu, en la seva encarnació, ens va invitar a la revolució de la tendresa»(88).

«El retorn al sagrat i les recerques espirituals que caracteritzen la nostra època són fenòmens ambigus. Més que l'ateisme, avui se'ns planteja el desafiament de respondre adequadament a la set de Déu de molta gent, perquè no busquin apagar-la en propostes alienants o en un Jesucrist sense carn i sense compromís amb l'altre»(89). «En altres sectors de les nostres societats creix l'estimació per diverses formes d’“espiritualitat del benestar” sense comunitat, per una “teologia de la prosperitat” sense compromisos fraterns o per experiències subjectives sense rostres, que es redueixen a una recerca interior immanentista» (90).

Ho repeteix sovint en comentar la Paraula: «Tocar la carn de Crist, prendre sobre nosaltres aquest dolor pels pobres. La pobresa, per a nosaltres cristians, no és una categoria sociològica o filosòfica i cultural: no; és una categoria teologal. Diria, potser la primera categoria, perquè aquell Déu, el Fill de Déu, s'abaixà, es va fer pobre per caminar amb nosaltres pel camí. I aquesta és la nostra pobresa: la pobresa de la carn de Crist, la pobresa que ens ha portat el Fill de Déu amb la seva Encarnació. Una Església pobra per als pobres comença amb anar cap a la carn de Crist» (A la Vigília de Pentecosta amb els moviments 18 de maig de 2013).


miércoles, 25 de junio de 2014

La oración del Corazón de Jesús (Mt 11,25-30)

El tiempo  pascual acaba con un conjunto de fiestas que son como las trenzas de una guirnalda: Pascua de Resurrección, Pentecostés del Espíritu, Santísima Trinidad, Fiesta del Cuerpo y Sangre de Cristo, Sagrados Corazones de Jesús y de María.


El pasaje que leemos hoy se ha descrito como  “la perla” del evangelio de Mt.   Y nosotros, como aquel mercader de la parábola que encontró una perla fina, la tomamos ahora en las manos, la llevamos al taller del orfebre para que la valore y veamos cuánto estamos decididos a pagar por adquirirla.

El primer destello de luz que nos fascina es el resplandor que baja de la Trinidad de Dios. Jesús siente un estremecimiento (“con el júbilo del Espíritu Santo”, Lc 10,21) e irrumpe en alabanzas (“¡te alabo, Padre!”, Mt). Una experiencia espiritual de la plena compenetración con el Padre (su Abbá querido y reverenciado) que lo envía y que le entrega todo al que se ha hecho Humano para que salve a los hombres. ¿Sintió también Jesús una profunda soledad, la incomprensión del que sabe que “nadie conoce al Hijo sino el Padre”? ¡Y cómo podría resistirlo si no experimentara, al mismo tiempo, la fuerza vivificadora del Espíritu de que habla Pablo y que es el “corazón de la Trinidad”!… Ese Espíritu que resucitó a Jesús, y que Juan vería brotando del costado abierto por la lanza, derramando su vida sobre la humanidad como un río que nace desde el Santuario abierto, ya sin velos. 


¡Atentos!, estamos en el momento mágico de asomarnos al pozo sin fondo de la oración de Jesús de Nazaret, el Hijo de Dios hecho Hombre. ¿Cómo se situaba Jesús Cara a Cara con su Abbá? ¿Qué clase de oración brotaba de su corazón más íntimo? ¿Qué principio dinámico lo movería a obrar y actuar?    
           
Un gozo jubiloso, fruto de su experiencia de la paternidad de Dios, infundido por el Espíritu, es el secreto del Hijo del Rey. ¿Por qué no se da en toda la historia de las apariciones y revelaciones teofánicas ningún mensaje tan sencillo y optimista como éste? “¡Bendito seas, Abbá/Padre celestial, yo te alabo porque has ocultado estos misterios a sabios y entendidos y se los has revelado a la gente sencilla. Tu maravillosa predilección por los pequeños, los sencillos iletrados, mi pueblo humilde… Te doy gracias por mi sentimiento filial de que nadie me conoce como Tú. La certeza de que me equipas con todo lo necesario para que lleve a cabo la misión que me has confiado”.

Una contemplación profunda que se convierte después en acción: La llamada del Maestro de Justicia a entrar en su escuela desde las puertas de la ciudad por donde se arrastra la gente con sus grandes fardos. Las manos del Taumaturgo que sana toda clase de heridas. El poder del Liberador que desata los grilletes que no dejan levantar cabeza: “Venid a mí todos los abatidos, las personas agobiadas por los mecanismos de exclusión social y religiosa, y les propongo cambiar el yugo de sus dependencias por otro yugo y otra carga: el yugo de la libertad puesta al servicio de los demás, la vida entregada gratuitamente. Aprended de mí que soy bondadoso y humilde de corazón, pues mi programa es: “honestidad personal y capacidad de diálogo y tolerancia” (La Biblia de nuestro Pueblo).

Hemos llegado a la “vena y fuente del sacrosanto evangelio, síntesis de todo el misterio de Cristo” (Bullinger). “Una especie de sumario de su cristología ética o su ética cristológica. Revelación, salvación y conocimiento de Dios acontecen en la vida, en la praxis concreta y no antes de ella ni junto a ella. La gracia y la praxis van unidas en él, como fondo y forma de la misma realidad” (U. Luz).

¿Hubo ninguna persona sencilla y humilde que se identificara tan cordialmente con esa revelación de Jesús como su Madre María? Ellos dos vivieron la Alianza Nueva profetizada por los profetas, escrita en sus Corazones de carne. Por esto la espiritualidad de sus Corazones traspasados por la Pasión de Dios, Pasión del Reino,  se convierte en Evangelio (Buena Noticia) para todos los heridos y traspasados.
Bendigamos nosotros también la misericordia del Padre que nos hace entrar en la Alianza de los Corazones de Jesús y de María. Ellos brindan esperanza a nuestros corazones heridos y nos comprometen al servicio de los traspasados de nuestro momento histórico.




jueves, 23 de mayo de 2013

Preparando la próxima Fiesta de los Sagrados Corazones



Queridos hermanos congregantes, Laicas y Laicos MSSCC, colaboradores de los Centros Educativos  Joaquim Rosselló, de la Fundación Concordia y de muchas otras obras :

Ya grana otra vez el mes de Junio, consagrado al Corazón de Jesús, y este año me toca a mí -que suplo al P. Pere Riera, en su lecho de enfermo-, recordarles que “Dios es amor” y que se nos ha revelado en los Corazones de Jesús y de María. Recordarles nuestro Principio Dinámico: “Él nos amó primero” (1Jn 4,10). Un nuevo ”Especial Propósito”:

“Los Sagrados Corazones serán en adelante todo nuestro imán, el punto céntrico do converjan todos los afectos de nuestra alma; nuestro lugar de refugio durante la vida, nuestro solaz en la hora de la muerte, nuestra recompensa y corona en la patria del cielo” (PE, día 6º).

1.      El tesoro encontrado
Me  viene a la mente la interpretación del P. Joaquim de la parábola de Mt 13,44:  
 “Simile est”, la devoción al Sagrado Corazón de Jesús se parece a un tesoro escondido en el campo de la Iglesia, “thesauro abscondito in agro”. Una vez conocido, no puedes dejar de practicar esta devoción” (Tríduo al Corazón de Jesús, 1895).

Por esta perla lo “vendió todo” (una vida de más de 30 años de ministerio reconocido en la diócesis). Lo “encontró” en el desierto de Randa, la montaña mística donde el gran Ramon Llull y una larga fila de seguidores buscaron al Amado entre matorrales (“entre la vinya i el fonollar”). Allá lo “gozó” releyendo las Sagradas Escrituras y a san Juan de la Cruz, en oración reposada ante el sagrario y oteando el horizonte desde los amplios balcones de los miradores. Lo “excavó” hasta lo insospechado, con el discernimiento del obispo y de otros compañeros vocados a la contemplación.

“¡En los SS. Corazones está el tesoro de toda riqueza! En ellos el oro, la plata y las piedras preciosas de todas las virtudes; en ellos la paz, el gozo en el Espíritu Santo que constituyen el verdadero reinado de Cristo Dios en nuestras almas” (Piadosos Ejercicios, día 19).

El P. Joaquim esculpió su nombre en el mismo título de la Congregación que fundó porque “ése y no otro” recogía la Providencia amorosa que lo guió en el pasado y señalaría con entusiasmo el proyecto misionero del futuro (cfr Reglas, Introducción histórica, p.18).  De esta savia nos alimentamos, como las dos ramas del mismo árbol, los congregantes religiosos y las laicas y laicos que nos identificamos y colaboramos con su espiritualidad y misión.

2.      Continuar la tarea del P. Pere Riera
A vivir esta Buena Noticia nos convocaba el P. Pere, por encargo recibido del último Capítulo General. ¿Cómo anunciaremos la Buena Noticia de que Dios nos ama, especialmente a los pobres y a los jóvenes?  Sus consignas eran: “Escuchar con el corazón el grito de cada uno”. “Volver al sueño originario”. “Una pastoral del encuentro”. Quería dar participación a la generación más joven y formar a los formadores.
Las Hermanas Calvarianas nos describen así el estilo del P. Pere: “Lo recordamos alegre, espontáneo, tierno, profundo y cercano. Un hombre que siempre estaba en diálogo con el hoy de la historia, actualizado, audaz para acompañar situaciones difíciles como a los varones violentos en busca de su recuperación. El proceso personal que él hizo de nuevas masculinidades lo contagiaba a otros y era una mediación muy apropiada y oportuna para el empoderamiento de las mujeres. Este modo que él tenía favoreció mucho su relación con las nuevas generaciones de la vida religiosa y fue un aporte muy valioso para los religiosos jóvenes (REJO). Quienes participaron de dichos encuentros están sumamente agradecidos por este acompañamiento. Su cercanía de hermano y su capacidad de escucha, hizo posible y fortaleció  la inter-congregacionalidad”.

Nos alegra reconocer que algunas de las últimas iniciativas llevadas a cabo son fruto de su espíritu: Las Jornadas para formadores en Rwanda, en Guatemala y en Mallorca. Las Misiones Populares compartidas en la Delegación del Plata, en Valcheta (Patagonia) y en el barrio 22 de Enero.- La Misión que comparten estos días en Dominicana religiosos y laicos, jóvenes y adultos, bajo el lema “Creemos en los Corazones de Jesús y de María”.- La campaña de las Jornadas de Vida y Fe en nuestros colegios de España, con la colaboración de los responsables de la Pastoral Juvenil y de la Pastoral  de CEJR, implicando a los alumnos mayores de ESO, etc.

El P. Pere dio “testimonio de la verdad”, como Juan el precursor, y nosotros pudimos “disfrutar un rato de su luz” (Jn 5,35). Ahora nos toca a nosotros continuar la tarea del P. Pere, si es que creemos en el Proyecto del último Capítulo  General. Llevémoslo adelante.

3.      Declaración de las Virtudes Heroicas del Fundador
La celebración de nuestros Titulares coincide este año con el reconocimiento que acaba de hacer la Iglesia de la figura de nuestro Fundador (3.5.2013). La Causa de Beatificación empezada hace 79 años (1934) ha recibido el sello de garantía dela Iglesia.

Pedimos a todas las Delegaciones que aprovechen la próxima Fiesta de los SS. Corazones para dar gracias a Dios que nos ha bendecido con el tesoro del Amor de Dios, encontrado en el campo de la Congregación y en la Iglesia. Presentemos a los hermanos sacerdotes y al pueblo fiel el camino espiritual de nuestro Fundador. Démoslo a conocer. Supliquémosle que interceda por nosotros ante Jesucristo, pues vivió todas las virtudes en un grado heroico.

Para ello me parecen muy sugerentes las reflexiones que escribe el P. Josep Amengual en el Boletín de la Causa de Beatificación:
“El Papa ha reconocido la constancia, a lo largo de una larga vida, en la contemplación, en la predicación, en el servicio a los pobres, en la fidelidad a los pastores de la Iglesia. La Iglesia ha reconocido como el mensaje de contemplación de Dios, que es amor, y de la misión cordial, sin condenar a nadie, es válido. La escuela en el interior de los Corazones de Jesús y de María, es para nuestro mundo.
El decreto romano ha reconocido actos heroicos, de obediencia, de servicio a los apestados, de ser fiel a la vocación, a pesar de tantos obstáculos. Pero lo importante son la fortaleza y perseverancia, hasta el final. La fidelidad sin fisuras a Dios, a la Iglesia, a su comunidad misionera, a los pobres”.

Se ha reconocido a un hijo eminente de la diócesis de Mallorca: “Oráculo del clero de su tiempo” (Mn. Gabriel Fiol Vallés). Confirma el carisma de una Congregación que desea ser “Competente socorro” para las necesidades de la Iglesia. Un camino de santidad para todo el pueblo cristiano, pues la primera Bienaventuranza y Felicidad consiste en sentirse amados por el Padre y adentrados en el Corazón del Traspasado, Como experimentó en su corazón María de Nazaret, la que dijo: “En adelante me felicitarán todas las generaciones” (Lc 1, 48).

Me parece oportuno concluir esta carta con la despedida que ponía el P. Joaquim al Estudiante Bernat Beltrán:
“Macte animo, esfuérzate y ten confianza en los Sagrados. Corazones que, pasada la borrasca, que quizá te espera, pondráse luego la mar tranquila y navegarás viento en popa” (21/08/1905).

Foto: Vitral de la capilla del Santísimo de la iglesia SSCC de Palma

jueves, 9 de febrero de 2012

Dejar que el sufrimiento ajeno nos toque el corazón (Domingo VIº B: Mc 11,40-45)


Palabras mayores (l, 40-45)

Les propongo que leamos el pasaje de la curación del leproso con ayuda de Carlos Bravo sj, GALILEA AÑO 30, que pueden encontrar en
http://servicioskoinonia.org/biblioteca/bibliodatos1.html

Una vez que andaban por el rumbo de Cafarnaum se toparon con un leproso. Ante aquel hombre, el último de los últimos, se puso a prueba su opción por los pobres y marginados. Los leprosos, además de su enfermedad, tenían que soportar el rechazo de una sociedad que consideraba su enfermedad como causa de contaminación y maldición para el pueblo, de separación de Dios; y, peor aún, la terrible seguridad: ‹‹Dios mismo me rechaza››. Podía decirse, sin temor a exagerar, que un leproso era un hombre muerto en vida; un hombre sin Dios y sin pueblo.

Aquel leproso se atrevió a acercársele y a dirigirle la palabra, expresando en su súplica al mismo tiempo su angustia, su necesidad, su fe y su respeto: ‹‹Si tú quisieras, podrías purificarme››. Se veía no sólo como enfermo sino, tal como le habían enseñado a verse, como impuro y fuente de impureza. Ser impuro significaba estar separado de Dios, incapaz de estar en su presencia, merecedor y causa de maldición y muerte para el pueblo y para quien tratara con él; su mera presencia era fuente de contaminación.

Jesús sintió que le crecía por dentro el coraje ante la injusticia que se hacía a aquel pobre hombre a quien se dejaba solo con su dolor y a quien se marginaba injustamente; porque lo que realmente mancha al hombre no es lo de fuera, sino precisamente la injusticia, el desamor. Y además, marginándolo en nombre de Dios eran injustos contra el Padre, a quien achacaban aquel rechazo.

Jesús midió las consecuencias. E hizo algo que le nació del fondo de las entrañas: para mostrarle que Dios no lo rechazaba, sino que era el Padre cercano al dolor, capaz de dar vida, se acercó al leproso, lo tocó y le dijo: ‹‹Quiero, queda purificado››.

¡Claro que Jesús sabía que lo que estaba haciendo iba contra la Ley! ¡Claro que sabía que lo iban a malinterpretar!. Tocar un leproso era quedar él mismo impuro y convertirse en fuente de contaminación y maldición para el pueblo. Pero ¿de qué otra manera podría mostrarle que Dios no era lo que había dicho? ¿de qué otra manera convencerlo de que el Reino había llegado y era para él precisamente?. Para un hombre condenado a no recibir jamás ninguna caricia ese gesto corporal de salvación era necesario. Y para Jesús el hombre siempre estará por encima de la Ley.

Lo que Jesús había hecho eran ya palabras mayores. Aquel hombre sobrevivía aguardando la piadosa muerte que lo liberara de la muerte física, social y religiosa de su enfermedad, y el Nazareno lo había rescatado de toda esa situación de muerte. Era como resucitar a un muerto. Pero la manera como lo hizo... ¿qué costo tendría aquella acción para Jesús?

El vio claro que había que poner medios para protegerse de las consecuencias negativas que se le vendrían si se supiera lo que había hecho. Y muy en serio, profundamente emocionado por lo que había pasado, lo despidió advirtiéndole muy seriamente: ‹‹Cuídate mucho de no decirle a nadie nada de esto que sucedió; pero ve a mostrarte al sacerdote y ofrece por tu purificación lo que prescribió Moisés, como testimonio contra ellos››.

Según la Ley, los sacerdotes eran los que debían dar testimonio de que alguien había sanado la lepra. Eso lo necesitaba el leproso para poder reincorporarse a la sociedad. Pero Jesús le descubría un nuevo sentido a ese acto: era un testimonio contra los sacerdotes, que lo habían marginado injustamente de la sociedad y de la presencia de Dios y que, impotentes para darle vida, sólo podían atestiguar la acción de Dios en favor de aquel hombre. Aquella acción era una denuncia contra la actitud excluyente e injusta de los hombres del culto.

Pero ¿cómo iba a cumplir aquel hombre con ese mandato?. ¿Cómo callar lo que le había sucedido?. En cuanto llegó empezó a proclamarlo una y otra vez, con lujo de detalles, y a divulgar el hecho. Y la consecuencia fue que Jesús ya no podía entrar abiertamente en la ciudad.

Se habían cambiado los papeles: el que había sido leproso ahora entraba a la ciudad; Jesús, en cambio, debía quedarse en las afueras, en el lugar de los leprosos. El que daba la vida debía quedarse en el lugar de la muerte; el enviado de Dios era visto como incapaz de estar en su presencia; era el impuro Jesús, identificado con la suerte de los leprosos.

Mas la gente sabe entender dónde está la vida y dónde no. El no podía entrar abiertamente en las ciudades, y tenía que quedarse fuera, en lugares desiertos, pero de todas partes venían a él. El desierto se convertía en lugar de vida. La vida no estaba en el centro sino en los márgenes. Donde el marginado Jesús, el que ha decidido mancharse las manos con el dolor del hombre.


Preguntas para reflexionar:
1. ¿Conoces tú algunos casos de gente marginada como este leproso, condenada a no recibir caricias de nadie?
2. ¿Cómo reacciona tu Iglesia ante estos traspasados y crucificados? No sólo los sacerdotes, sino los miembros de tu comunidad cristiana. ¿Cómo dejamos que se “nos conmuevan las entrañas”, que estos casos nos toquen el corazón?
3. ¿Tienes algún caso en que lo que deberías hacer se convierte en “palabras mayores”, trae consecuencias importantes?
¿Cómo lo intentas solucionar?