jueves, 12 de mayo de 2011

EVANGELIO JOVEN: La puerta abierta (Domingo IV de Pascua 1Pe 2,20-25; Jn 10,1-10)



Mi sobrina María, que trabaja en una agencia de viajes, tiene el hobby de fotografiar toda clase de puertas. Puertas viejas, de colores vivos, puertas árabes o ibicencas, con trinitarias floridas o con el certificado de haber peregrinado a la Meca... Le gustan las puertas hasta el punto que le gustaría presentar una exposición de sus fotos dedicadas al tema. A veces me pregunto porqué le atraerán tanto. Será porque invitan a entrar en una cultura celosa de la intimidad. Son un espacio de libertad para entrar y salir. Puertas abiertas al desierto, al horizonte ilimitado, a un mundo inexplorado...

Lo relaciono también con una de las impresiones traídas de mi reciente viaje a Santo Domingo. Las casas, antes abiertas de par en par, enrejadas a causa de los frecuentes asaltos. La Casa de Espiritualidad de la Islita ahora cerrada con un gran portón, como un jardín de vegetación exuberante en medio de la basura y del asfalto. En su recinto he vivido momentos de intimidad, pero también el sobresalto de perseguir a un ladrón que saltó la tapia y la trinchera de alambre espinado. Puertas que brindan seguridad, pero que necesitan de un portero que responda presto a las llamadas, so pena de convertirse en una fortaleza aislada de los pobres y de su sufrimiento.


Detrás de la puerta seguimos buscando a un amigo que nos escuche, no por salario. No nos faltan jefes ni maestros, sino com-pañeros que compartan su pan y su cerveza con nosotros. Que estén a nuestro lado en los momentos dulces y cuando nos tragamos un cajón de sal. Alguien marcado por nuestras mismas enfermedades, pero que nos ayuda a cargar nuestra cruz. Como decía H. Nouwen, un pastor, también herido, que pueda curar nuestras heridas.

Ya les dije que en todo este tiempo me acompañaron los versos de M. Hernández: “Llegó con tres heridas”. En estos días de Pascua, reconozco este amigo en el pastorcico herido de los poemas amorosos de San Juan de la Cruz, cantado esta vez por Paco Ibáñez:

“Un pastorcico solo está penado
ageno de plazer y de contento
y en su pastora puesto el pensamiento
y el pecho del amor muy lastimado.

No llora por averle amor llagado
que no le pena verse así affligido
aunque en el coraçón está herido
mas llora por pensar que está olbidado.

Y a cavo de un gran rato se a encumbrado
sobre un árbol do abrió sus braços vellos
y muerto se a quedado asido dellos
el pecho del amor muy lastimado”.

El costado del pastor herido de amor, abierto como una puerta que nos invita a pasar a la otra orilla, a otra forma de vivir.

Fotos de Maria Perelló

miércoles, 4 de mayo de 2011

Con los de Emaús en Santo Domingo (Domingo III de Pascua)



Va dedicado muy especialmente a los amigos/as que encontré en mi breve visita a Dominicana y que me hacen revivir mi Camino de Emaús: A toda la familia de Tinto y Otilia con sus tres generaciones; a la familia Durán, que no lo busquen debajo de la losa; a los Espinales, con sus flores y espinas (especialmente a Yayo y Fede, con sus muchachas); a Jaime Vinicio y a Raysa (con su bebé ya en camino); a Andrés y Lourdes; a la familia de Vale y Mery: los que nos reunimos apretadamente en torno a la mesa gurabera y a los que estaban en Barcelona; a la familia de Javier y Miguelina, ocupados en preparar las bodas de Penélope; a las hermanas Aya y Chela; a Jaime Abreu, que sigue subiendo a las alturas; a la familia de Papo Peña, con Jeremy, mi corresponsal; a las dominicas que pude saludar; a Yvette Ramírez, que sigue mis escritos; a Emilio y a Edwin, con quienes he sesionado preparando el Capítulo y a los JLmsscc a quienes dedico mis comentarios; a Ana E., que conocí por celular; a Joebeth y la antigua PJ de Fátima; a los amigos/as de Jacagua (los viejos, nuevos y nuevitos); a los que llamé o me llamaron o no encontramos tiempo de vernos.

“Permítanme que les hable con franqueza”: Me parece que muchos andamos de huída. Como la pareja del evangelio de este domingo, de la que se discute si serían amigos o mejor un matrimonio; pero está claro que huían.”Porque no me entregarás a la muerte, ni dejarás a tu fiel conocer la corrupción” (Salmo 15). Huída de la muerte y de la corrupción de que habla san Pedro en la lectura de Hechos de los Apóstoles: Corrupción de valores, de costumbres, de los vicios, de la política. Del cuerpo, en resumen, que es cada uno/a en su circunstancia concreta… Un echarse hacia delante, a veces sin pensar, y que puede llegar al paroxismo de tirarse del puente con el propio hijito… Como fue el caso extremo de un amigo, del que me acabo de enterar, y que todavía me tiene engranojado.

Es lo que deduzco de las conversaciones con quienes me cruzo en mi caminar por Santo Domingo: ¿Cómo están y qué les preocupa? Percibo el desencanto de “nosotros esperábamos que él fuera el liberador…” “Algunos exaltados oyeron voces o tuvieron visiones; cosa de mujeres, pero nada…” “Nosotros trancamos puertas y ventanas”. “Yo estoy aislado, fuera de los grupos”…

¡Qué necios somos!, ¿es que no reconocemos los signos del Viviente? ¿No entendemos que necesitamos pasar esta crisis para purificar el aire que huele a cementerio? ¿Que tenemos que sufrir mucho para engendrar al hombre nuevo y no caer en los errores viejos? Huimos de la lectura y su comentario masticado de la Palabra de Dios, cuando ella es luz para el camino incierto. “¿No hemos experimentado que ardía nuestro corazón mientras nos hablaba por el camino y nos explicaba las Escrituras?”

Desertamos de las asambleas donde se reúnen los discípulos, cuando los primeros cristianos decían a sus verdugos: “Nosotros no podemos vivir sin celebrar la eucaristía de domingo”. Él nos dijo que está presente en quienes caminan con nosotros, que lo reconoceremos en sus llagas transfiguradas, en el gesto característico de la gente que comparte de su pobreza. Ya conocemos su ritual: “Sentado a la mesa con ellos, tomó el pan, pronunció la bendición, lo partió y se lo dio. Ellos lo reconocieron al partir el pan”.

Amigos y amigas, ¿por qué no volvemos a los orígenes, a la fórmula sencilla de que nos habla el evangelio de hoy? En tiempos tan duros como los nuestros, ¿vamos de huída o vamos de vuelta? Camino de Emaús o regreso a Jerusalén, donde se reúnen los que dan testimonio del Viviente. En la respuesta que demos nos jugamos encontrar “el sendero de la vida” o el laberinto que conduce a la muerte.

martes, 3 de mayo de 2011

Palabras de agradecimiento del nuevo sacerdote Isaías



(El 1 de mayo acompañamos en Fantino, en representación del Consejo General, la ordenación del nuevo sacerdote Isaías Mata. Isaías entró en el aspirantado de los Misioneros cuando todavía era un niño. Se puede decir, en verdad, que ha crecido entre nosotros, a caballo entre Dominicana y Argentina. Isaías es un surtidor de agua en medio de la larga sequía, pues son muchos los años en que no se ordenaba ningún caribeño. El pueblo lo acompañó y celebró codo con codo. Los jóvenes quisieron anunciar su gozo en una misión que recorrió los campos de Fantino. Reproducimos aquí algunas de sus palabras de agradecimiento, que suscitaron más de una lágrima)
Les invito a que con el Apóstol Pedro digamos “bendito sea Dios, Padre de Nuestro Señor Jesucristo, que en su gran misericordia, por la resurrección de Jesucristo de entre los muertos, nos concede la gracia de vivir éste acontecimiento eclesial, para hacernos renacer de nuevo para una esperanza viva”.

Gracias, Mons. Antonio Camilo, por aceptar presidir en nombre de Cristo esta celebración. Gracias por su cercanía y colaboración a nuestra Congregación de Misioneros de los Sagrados Corazones.

Gracias especiales a quienes desde lo oculto hicieron posible que podamos estar hoy aquí. Gracias a mi familia por cuidar, valorar y respetar la vida que desde su infinita bondad nuestro Padre Dios nos regala. En especial gracias a mi padre y mi madre por su educación con el testimonio de vida. Me enorgullece haber escuchado en una ocasión de una persona decir: “para mi, Fabio Mata es mi obispo, sacerdote, diácono, ministro… porque cuando cualquier persona lo necesita, ahí está”. Mas sin embargo, es sólo un presidente de asamblea, no es diácono, ni sacerdote y mucho menos obispo, pero lo que sí confirmo es que en el seno de mi familia he vivido una profunda experiencia de Iglesia-familia, comunidad de hermanos que, como en la primitiva comunidad, hemos sido constantes en la escucha de la Palabra, vida común, fracción del pan, oraciones. Vivimos unidos con todo en común. De mis familiares recuerdo hoy a mis abuelitas que en este momento están compartiendo la vida del cielo con Jesús. A mi Mamita, que hicimos el trato que me esperaría de mi regreso de Argentina, sé que me escucha, le digo que me siga esperando, pues algún día estaremos compartiendo con Jesús en el cielo.

Gracias a mis hermanos de Congregación. Somos Misioneros de los Sagrados Corazones de Jesús y María. Hoy está presente el P. Jaime Reynés, uno de los que animan toda la Congregación, quien entregó muchos años de su vida a servir en nuestro país. Gracias al P. Julio César y él que me han acompañado en los días de retiro previo a ésta celebración. Gracias a todos lo que me han acompañado en mi proceso de formación, y todos con los que he convivido a lo largo de estos años. No puedo dejar de agradecer mi experiencia en Argentina. Doy gracias a Dios por el cuidado y cariño de los hermanos de la congregación que me acompañaron allá, por las personas y espacios con quienes compartí. Fue una experiencia que dejó profundas marcas en mi vida, de las que siempre estaré agradecido. Sobre todo en el Asentamiento 22 de Enero, pude percibir las huellas del paso de Dios en mi vida, su ternura y cercanía.
Cómo no recordar y agradecer al querido P. Andrés Amengual. Con él terminé de conocer las comunidades de esta parroquia que no conocía. Fue mi confesor y acompañante espiritual. Siempre recuerdo su celo y preocupación por las vocaciones. Me he sentido y me siento acompañado por él, ya saben ustedes que les encargó que rezaran mucho por mí y las vocaciones. Pidamos por su intercesión a Dios que suscite vocaciones a la Iglesia y a nuestra Congregación.

No puedo dejar de agradecer a las y los jóvenes que desde el viernes han estado realizando una misión juvenil por casi todas las comunidades de esta parroquia con motivo de mi ordenación. Son la buena noticia de la resurrección que ha llegado a cada casa que han visitado, un testimonio vivo de que otro mundo es posible. Gracias de verdad por su disponibilidad y entrega.

Que todo ello nos ayude a ser una Iglesia servidora del Señor, Samaritana y cordial, donde vivamos el discipulado de iguales. Termino pidiendo al Dios de la vida, que me dé entrañas de misericordia y ternura ante toda miseria humana, que me inspire el gesto y la palabra oportuna frente a la hermana y hermano solo y desamparado, que me ayude a mostrarme disponible ante quien se sienta explotado y deprimido. Para así colaborar a que nuestra Iglesia sea una comunidad de hermanas y hermanos donde vivamos la verdad, el amor, la libertad, la justicia y la paz en fraternidad, para que todos y todas encontremos en ella un motivo para seguirte esperando.

sábado, 30 de abril de 2011

¡Cristo vive y se aparece con las heridas! (II Domingo de Pascua desde Santo Domingo)




“Al anochecer de aquel día, el primero de la semana, estaban los discípulos en una casa, con las puertas cerradas por miedo a los judíos”.

El miedo que no nos deja, como si no hubiéramos pasado todavía de la Semana del dolor a la Semana de gloria. Los miedos personales, los familiares, los nacionales, los que podríamos controlar y los que nos desbordan. Recién llegado a Santiago de los Caballeros, Jaime Vinicio quiso llevarme a ver la ciudad iluminada de noche. Recorrimos las calles del Sol, de san Luis, de la Restauración… Serían las 11 pm, pero me quedé sobrecogido ante el espectáculo de las calles desiertas, sin un alma, sin un haitiano que regresara tardío, sin una bullita. El miedo que tranca las puertas y los portones; “esto es un fenómeno mundial”, comentan, por los atracos, los asaltos, la inseguridad ciudadana.

Y en esto entra Jesús, nos enseña las manos y el costado. “Y los discípulos se llenaron de alegría al ver al Señor”. Tinto, el viejo patriarca de la comunidad, ciego y rendido en una silla de ruedas, llevaba días, lavado, peinado y bien vestido esperando que el P. Jaime llegara “esta noche”… Se me vinieron a la mente las parábolas de la vigilancia escatológica. Nuestro desconcierto al escuchar que Él nos dice: “Trae tu mano y métela en mi costado”, tus heridas en mis heridas. ¡Caramba!, uno esperaba otra cosa, que desaparecieran las llagas… Llega con las heridas de siempre pero transfiguradas, en señal de resurrección.


Me sorprende que en la eucaristía de esta noche celebremos las bodas inminentes de Penélope, con toda la ilusión del primer día del Génesis, cuando toda el universo se adornaba “como una novia para su esposo”. Ellos deciden que Jesús (la piedra desechada por los que se creen arquitectos), siga siendo la piedra angular de esta familia.

Me encanta que mis amigos Juan Pablo y Ana, en el miedo de la crisis violenta e interminable de años sin trabajo (como sólo él sabe), hayan tenido la valentía de ir a por la parejita… y esperan ilusionados el nacimiento de su hija para el día de hoy. Porque cuando “empujaban y empujaban para derribarme, el Señor me ayudó”.

Me conmueve que mi hijo y hermano Isaías Mata, con sus 27 años, se adelante mañana ante el altar de la parroquia de los Sagrados Corazones de Fantino porque escuchó la pregunta del Señor de los ejércitos: “¿A quién enviaré?” Y él, a pesar del miedo, responda: “Envíame a mí”, ordéname para el sacerdocio y la misión.

Entiendo lo que significa que la familia de José Durán haya querido reunirse también en esta eucaristía, en un nuevo aniversario del fallecimiento de su padre, que sigue vivo “por una esperanza viva, para una herencia incorruptible, pura, imperecedera”.

Refuerza mi fe que, a pesar del miedo, haya hermanos y hermanas como ustedes: “constantes en escuchar la enseñanza de los apóstoles, en la vida común, en la fracción del pan y en las oraciones”

Un teólogo que admiro mucho, Víctor Codina, se pregunta: “¿Por qué no se suicidan los pobres, sino que luchan por la vida, se casan, tienen hijos, esperan un mañana mejor, compran flores y celebran fiestas? La respuesta es profunda y sencilla al mismo tiempo: el Señor que les revela los misterios del Reino suscita en ellos una gran esperanza, sienten que Diosito siempre les acompaña”.

Esto es lo que refuerza nuestra esperanza y nos mantiene en comunión, aunque vivamos separados por casi 5000 kms: ¿Jesucristo vive, ha resucitado! No hemos visto a Jesucristo, pero lo amamos; no lo vemos, pero creemos en él. “Demos gracias al Señor porque ha sido bueno con nosotros”.

miércoles, 20 de abril de 2011

PASCUA: Con tres heridas viene

Les confieso que durante muchos años ésta fue mi canción preferida del Viernes Santo. Después de la lectura de la Pasión, la Plegaria universal y los Improperios. Después de la comunión, vestido con ornamentos rojos y la iglesia en penumbra, me gustaba hacer una pausa y pedirle a Javier que cantara Las tres heridas de Miguel Hernández, musicalizada por Serrat:

“Llegó con tres heridas:/ la del amor,/ la de la muerte, /la de la vida.

Con tres heridas viene:/ la de la vida/, la del amor,/ la de la muerte.

Con tres heridas yo:/ la de la vida,/ la de la muerte,/ la del amor”.

A Javier a veces le cogía desprevenido y murmuraba: “hace tiempo que no canto esta canción”, hasta podía embrollarse con el orden de las estrofas… Pero siempre acababa proclamando todas las heridas, las nuestras, las mías, las de Cristo.

La de la vida: Con sus penas y sus alegrías, más grandes con el decurso del tiempo o más infectadas, pero también llevadas más serenamente. Las históricas, las familiares, las estrictamente personales, las vergonzantes… Las extraodinarias y las cotidianas.

La del amor: Las que proceden de la fuente de las relaciones, que a veces se convierten en Aguas Amargas como las fuentes de Meribá. El difícil equilibrio entre la libertad personal y la salida a pecho descubierto, el espacio reservado que nos permite ser nosotros mismos y el miedo a la soledad, la tensión entre separación y comunicación, el darse que supone vaciamiento, la soledad en compañía, la relación que pretende llegar a la comunión de los distintos, los celos, las incomprensiones, el difícil diálogo, las rupturas…

La de la muerte: La nuestra que se acerca con los años a paso de limitaciones y enfermedades, pero sobre todo la muerte de seres queridos que llenaban un espacio importante de nuestra biografía y la muerte de tantos inocentes sin explicación. “En las condiciones que definen a la posmodernidad quedan tan solo dos formas de vida plenamente humanas: en la esperanza de la creencia religiosa y en la desesperación lúcida” (Ignacio Sotelo). Y los que nos situamos en una fe con dudas y desesperanzas, no nos libramos de preguntas apremiantes: “Ante tantos expoliados injustamente, ante tanto inocente sacrificado o muerto, ante el Crucificado, esa pregunta suena así de cruda y sin matices: ¿Tiene futuro el Crucificado?; ¿lo tienen esos ajusticiados, esos muertos inocentes, la gente a quien amo, yo mismo? ¿Lo tienen o no?” (J.A. García).

Las otras heridas: Después de las tres básicas, las otras que provienen de “los laberintos diabólicos de la muerte” de que hablaba J. Moltmann: pobreza, violencia, extrañamiento racial y cultural, destrucción industrial de la naturaleza, absurdo y abandono de Dios.

En este blog titulado precisamente “las heridas del corazón”, me parece oportuna esta reflexión siempre que llega Semana Santa, provocado –además, este año- por la lectura de la revista Sal Terrae (marzo 2011).

Como dice también M. Hernández: “Ay de quien no está herido,/ de quien jamás se siente herido por la vida,/ ni en la vida reposa herido alegremente”. Parece que le faltara su ración alícuota de humanidad.

Gracias por el don de la fe, que nos invita a reconocer al Crucificado en el Resucitado. Se nos aparece Viviente, cuando estamos con todas las puertas cerradas, y nos muestra las manos y el costado, con las heridas de su pasión ahora luminosas (cfr. Jn 20, 20). “¿Por qué tuvo que cubrir su cuerpo de llagas? ¿Por solidaridad y adhesión a nuestra causa? ¿Y qué aporta un Dios vulnerable a un ser humano que lo que quiere, precisamente, es una salida para tantas heridas y tanto mal?” (Mª. D. López Guzmán).

Posiblemente sea el hombro donde apoyar nuestra fe porque “Él cargó con nuestros dolores y con sus cicatrices nos hemos sanado” (Isaías 53, 5). El perdón de nuestros pecados y de nuestros complejos de culpa: “Él sana los corazones destrozados y venda sus heridas” (Salm 147,3). La compasión profunda, la solidaridad hasta el extremo, la experiencia de que “no hay amor más grande…”, la convicción de que sólo el amor resucita para siempre…

Este año tendré el privilegio de vivir la Pascua en América Latina, con su permanente llaga abierta. Ya sé desde ahora que me aportará dolor y compasión, frustración ante la incapacidad de curar tantos dolores. Pero también consuelo, resistencia, valentía para las heridas propias. Espero que seo un don del Espíritu. ¡Que tengan todos y todas una buena Pascua!

miércoles, 13 de abril de 2011

EVANGELIO JOVEN: Semana Santa


La Cruz de los Negros

(Este domingo, con los ramos en las manos, empezamos Semana Santa. No voy a comentar toda la pasión, que la lea cada uno/a lo más concentrados que podamos. Me voy a conformar con traerles unos versos de un poeta haitiano Felix Morisseau Leroy (Jacmel, 1912), que escribe en créole. Nos recuerda quién ha llevado siempre las cargas pesadas: los negros, los pobres, los traspasados. Nos avisa a quienes seguimos a Jesús de Nazaret, que nos darán un silbo, un chasquido de dedos: Eh tú, negro!... Eh, tú, cirinea, ven p'acá a arrimar el hombro!)

Así ocurrió
Jesucristo tenía que morir
Pese a todo tenía que morir
Aun cuando Pilato dijera que no
Caifás insistía tanto
Que se llegó a condenar al Hombre
Tenía días sin comer
Y estaba tan débil
Que al subir al Monte de los Olivos
Con dos maderos al hombro
Iba de tumbo en tumbo
Pilato lo miraba con compasión
Y también los soldados romanos miraban
Fue entonces que por ahí pasó un hombre
Simón Cireneo
Un negro fuerte, como Paul Robeson, pasó por ahí
Miró aquello como sólo los negros saben mirar
Pilato sintió lo que el negro tenía en su corazón
Y a los soldados hizo una señal
Todos se echaron sobre Simón
Y con fuerza lo apalearon
Luego le dijeron: toma la cruz y cárgala
Simón tomó la cruz
La tomó de la mano del blanco
Se echó a correr con ella
Se echó a cantar
Se echó a bailar
Bailó cantó
Se fue corriendo hacia arriba
Dejando atrás a todos
Regresó cantó bailó
Hizo girar la cruz sobre su cabeza
La echó al aire
La atrapó
La cruz quedó bailando sola en el aire
La gente gritó milagro
Y cuando cayó la cruz
Simón la tomó
Bailó mucho con ella
Antes de devolverla a Jesús
Desde entonces
Cuando es muy pesada una cruz
Cuando algo pesa demasiado
para las fuerzas de un blanco
Llaman a un negro para que cargue
Después bailamos cantamos
tocamos el tambor
tocamos el bambú
Nuestra espalda es muy ancha
Cargamos la cruz, cargamos el fusil,
cargamos el cañón
ayudamos al blanco
cargamos los crímenes
cargamos los pecados
cargamos por todos.

¡Que tengan buena Semana Santa!

jueves, 7 de abril de 2011

EVANGELIO JOVEN: La Danza de la Permanencia (Vº Cuaresma)


LA RESURRECCIÓN DE LÁZARO Jn 11,1-45

(El evangelio de este domingo nos presenta a Lázaro. ¿Quién es Lázaro? Un amigo querido de Jesús, hermano de Marta y María. Su casa de Betania era algo más que una familia de acogida, era una veradedera Iglesia doméstica: Marta servía, María escuchaba la Palabra, la casa olía a nardo… ¿y cuál era el oficio de Lázaro? Participar del destino de Jesús, anunciando su muerte y resurrección. Debido al revuelo que se movió con la resurrección del amigo, los sumos sacerdotes decidieron que Jesús debía morir (Jn 11, 46-53); y quisieron matar a Lázaro también porque muchos creían a causa de él (Jn 12, 10). Sobre el posterior destino de Lázaro, sólo hay elucubraciones: San Epifanio dice que según la tradición, Lázaro tenía 30 años cuando resucitó de la muerte. Después vivió otros treinta años. Las visiones de Catherine Emmerich coinciden en señalar que huyó, junto con sus hermanas, de las primeras persecuciones de cristianos en Palestina hacia Gaul (Marsella). Según una tradición griega, Lázaro murió en Chipre; según la tradición provenzal, murió mártir en Marsella después de haber predicado mucho. Lo que importa es que fue resucitado por Jesús. Muchos literatos han fantaseado sobre este tema imaginando que Lázaro se resistía a resucitar, después de haber probado el beso de la muerte. ¿Quién es Lázaro? En este Vº Domingo de Cuaresma, Lázaro somos tú y yo, que escuchamos la llamada de Cristo, pero nos cuesta levantarnos del sueño. Invitados a salir de la tumba, dejando las vendas que nos envuelven. Llamados a dar testimonio de él con nuestra resurrección.

Acabamos hoy este taller de la hermana Mª. Carmen Ferrero para aprender a danzar con Jesús, con la danza de la permanencia, a pesar de los tiempos difíciles)

LA DANZA DE LA PERMANENCIA

En este proceso de aprendizaje, vamos a danzar con “notas” distintas. En esta partitura musical abundan los “silencios” y los “sostenidos” que nos invitan a PERMANECER en el Centro.

Un permanecer, que no es sinónimo de pasividad y quietud, sino invitación a DESPERTAR: “No está muerto… está dormido”

En la sabiduría oriental, existe un diálogo entre un discípulo y un maestro:

-¿Hay algo que yo pueda hacer, para llegar a saber? -Tan poco como lo que puedes hacer para amanezca por las mañanas. -¿Entonces para qué sirve estar aquí? -Para estar seguro de que estarás despierto cuando el sol comience a salir

Esta es la “permanencia” a la que nos invita la Danza: A permanecer para estar seguras que no estaremos dormidas para percibir la LUZ de la Presencia que nos HABITA permanentemente. PERMANECER:

Ante lo que aparentemente es “muerte” y oscuridad: “Permanecer en mí y yo en vosotros… Quien permanece en mí y yo en él dará mucho fruto” (Jn15,4-5)

Permaneced desde la “nota” que nos habla de silencio y silencio sostenido por Aquel que es: La Palabra de la Vida.

Permanecer para poder “ajustar” nuestros tiempos a los suyos y, acoger la sorpresa de su Presencia que acompasa nuestro tiempo al suyo a través de nuestro “DESPERTAR personal hacia la Unidad con el Origen” ( Willigis Jäger).

La danza de la PERMANENCIA nos va conduciendo gratuitamente al “movimiento” de quitar la losa que nos hace vivir como muertos encerrados en sus tumbas.

Desde la Danza, acogemos en nuestra Identidad más profunda las palabras de Jesús: “Ven fuera… sal a la vida”, porque yo, tu Dios, “danzo para ti como en día de fiesta” (Sof 3,17)

“Si haces caso a mi danza, ve a ti mismo en mí”(Hechos apócrifos de Juan)

Una Danza que nos habla de Vida, de quitar losas de muerte y salir fuera, donde la VIDA, en sus múltiples formas, nos ofrece la Presencia sin forma de Dios, como sinfonía que resuena AQUÍ Y AHORA (W. Jäger)

PERMANECER… Aunque en nuestro corazón broten “voces” que suenan a: “Si hubieras estado aquí…” Y acoger la PRESENCIA/AUSENCIA de Quien sostiene nuestra vida y, nos abre a la CONFIANZA PLENA de Aquel que es la Resurrección y la Vida. Sólo desde Él, podemos vivirnos como mujeres RESUCITADAS.

En el último domingo de Cuaresma, somos invitadas a DANZAR desde la experiencia profunda de saber permanecer en Él…

Desde Él, entramos en la vida de Dios y nos dejamos llenar por la sensación de VIDA que Él nos regala… Y DESCANSAMOS confiadamente en el AMOR que se hace DANZA por cada una de nosotras.

Bueno, al final del “cursillo”, igual ya hemos aprendido algunos pasos para danzar en lo cotidiano y convertir nuestra vida en Danza compartida: Bien “agarraditas” al Bailarín, seguro que nos vivimos como:

PASO DE LA DANZA DE DIOS…

CONDUCIDAS POR EL BAILARÍN…

HASTA LLEGAR A SER:

MÚSICA, DANZA Y BAILARÍN