sábado, 30 de abril de 2011

¡Cristo vive y se aparece con las heridas! (II Domingo de Pascua desde Santo Domingo)




“Al anochecer de aquel día, el primero de la semana, estaban los discípulos en una casa, con las puertas cerradas por miedo a los judíos”.

El miedo que no nos deja, como si no hubiéramos pasado todavía de la Semana del dolor a la Semana de gloria. Los miedos personales, los familiares, los nacionales, los que podríamos controlar y los que nos desbordan. Recién llegado a Santiago de los Caballeros, Jaime Vinicio quiso llevarme a ver la ciudad iluminada de noche. Recorrimos las calles del Sol, de san Luis, de la Restauración… Serían las 11 pm, pero me quedé sobrecogido ante el espectáculo de las calles desiertas, sin un alma, sin un haitiano que regresara tardío, sin una bullita. El miedo que tranca las puertas y los portones; “esto es un fenómeno mundial”, comentan, por los atracos, los asaltos, la inseguridad ciudadana.

Y en esto entra Jesús, nos enseña las manos y el costado. “Y los discípulos se llenaron de alegría al ver al Señor”. Tinto, el viejo patriarca de la comunidad, ciego y rendido en una silla de ruedas, llevaba días, lavado, peinado y bien vestido esperando que el P. Jaime llegara “esta noche”… Se me vinieron a la mente las parábolas de la vigilancia escatológica. Nuestro desconcierto al escuchar que Él nos dice: “Trae tu mano y métela en mi costado”, tus heridas en mis heridas. ¡Caramba!, uno esperaba otra cosa, que desaparecieran las llagas… Llega con las heridas de siempre pero transfiguradas, en señal de resurrección.


Me sorprende que en la eucaristía de esta noche celebremos las bodas inminentes de Penélope, con toda la ilusión del primer día del Génesis, cuando toda el universo se adornaba “como una novia para su esposo”. Ellos deciden que Jesús (la piedra desechada por los que se creen arquitectos), siga siendo la piedra angular de esta familia.

Me encanta que mis amigos Juan Pablo y Ana, en el miedo de la crisis violenta e interminable de años sin trabajo (como sólo él sabe), hayan tenido la valentía de ir a por la parejita… y esperan ilusionados el nacimiento de su hija para el día de hoy. Porque cuando “empujaban y empujaban para derribarme, el Señor me ayudó”.

Me conmueve que mi hijo y hermano Isaías Mata, con sus 27 años, se adelante mañana ante el altar de la parroquia de los Sagrados Corazones de Fantino porque escuchó la pregunta del Señor de los ejércitos: “¿A quién enviaré?” Y él, a pesar del miedo, responda: “Envíame a mí”, ordéname para el sacerdocio y la misión.

Entiendo lo que significa que la familia de José Durán haya querido reunirse también en esta eucaristía, en un nuevo aniversario del fallecimiento de su padre, que sigue vivo “por una esperanza viva, para una herencia incorruptible, pura, imperecedera”.

Refuerza mi fe que, a pesar del miedo, haya hermanos y hermanas como ustedes: “constantes en escuchar la enseñanza de los apóstoles, en la vida común, en la fracción del pan y en las oraciones”

Un teólogo que admiro mucho, Víctor Codina, se pregunta: “¿Por qué no se suicidan los pobres, sino que luchan por la vida, se casan, tienen hijos, esperan un mañana mejor, compran flores y celebran fiestas? La respuesta es profunda y sencilla al mismo tiempo: el Señor que les revela los misterios del Reino suscita en ellos una gran esperanza, sienten que Diosito siempre les acompaña”.

Esto es lo que refuerza nuestra esperanza y nos mantiene en comunión, aunque vivamos separados por casi 5000 kms: ¿Jesucristo vive, ha resucitado! No hemos visto a Jesucristo, pero lo amamos; no lo vemos, pero creemos en él. “Demos gracias al Señor porque ha sido bueno con nosotros”.

miércoles, 20 de abril de 2011

PASCUA: Con tres heridas viene

Les confieso que durante muchos años ésta fue mi canción preferida del Viernes Santo. Después de la lectura de la Pasión, la Plegaria universal y los Improperios. Después de la comunión, vestido con ornamentos rojos y la iglesia en penumbra, me gustaba hacer una pausa y pedirle a Javier que cantara Las tres heridas de Miguel Hernández, musicalizada por Serrat:

“Llegó con tres heridas:/ la del amor,/ la de la muerte, /la de la vida.

Con tres heridas viene:/ la de la vida/, la del amor,/ la de la muerte.

Con tres heridas yo:/ la de la vida,/ la de la muerte,/ la del amor”.

A Javier a veces le cogía desprevenido y murmuraba: “hace tiempo que no canto esta canción”, hasta podía embrollarse con el orden de las estrofas… Pero siempre acababa proclamando todas las heridas, las nuestras, las mías, las de Cristo.

La de la vida: Con sus penas y sus alegrías, más grandes con el decurso del tiempo o más infectadas, pero también llevadas más serenamente. Las históricas, las familiares, las estrictamente personales, las vergonzantes… Las extraodinarias y las cotidianas.

La del amor: Las que proceden de la fuente de las relaciones, que a veces se convierten en Aguas Amargas como las fuentes de Meribá. El difícil equilibrio entre la libertad personal y la salida a pecho descubierto, el espacio reservado que nos permite ser nosotros mismos y el miedo a la soledad, la tensión entre separación y comunicación, el darse que supone vaciamiento, la soledad en compañía, la relación que pretende llegar a la comunión de los distintos, los celos, las incomprensiones, el difícil diálogo, las rupturas…

La de la muerte: La nuestra que se acerca con los años a paso de limitaciones y enfermedades, pero sobre todo la muerte de seres queridos que llenaban un espacio importante de nuestra biografía y la muerte de tantos inocentes sin explicación. “En las condiciones que definen a la posmodernidad quedan tan solo dos formas de vida plenamente humanas: en la esperanza de la creencia religiosa y en la desesperación lúcida” (Ignacio Sotelo). Y los que nos situamos en una fe con dudas y desesperanzas, no nos libramos de preguntas apremiantes: “Ante tantos expoliados injustamente, ante tanto inocente sacrificado o muerto, ante el Crucificado, esa pregunta suena así de cruda y sin matices: ¿Tiene futuro el Crucificado?; ¿lo tienen esos ajusticiados, esos muertos inocentes, la gente a quien amo, yo mismo? ¿Lo tienen o no?” (J.A. García).

Las otras heridas: Después de las tres básicas, las otras que provienen de “los laberintos diabólicos de la muerte” de que hablaba J. Moltmann: pobreza, violencia, extrañamiento racial y cultural, destrucción industrial de la naturaleza, absurdo y abandono de Dios.

En este blog titulado precisamente “las heridas del corazón”, me parece oportuna esta reflexión siempre que llega Semana Santa, provocado –además, este año- por la lectura de la revista Sal Terrae (marzo 2011).

Como dice también M. Hernández: “Ay de quien no está herido,/ de quien jamás se siente herido por la vida,/ ni en la vida reposa herido alegremente”. Parece que le faltara su ración alícuota de humanidad.

Gracias por el don de la fe, que nos invita a reconocer al Crucificado en el Resucitado. Se nos aparece Viviente, cuando estamos con todas las puertas cerradas, y nos muestra las manos y el costado, con las heridas de su pasión ahora luminosas (cfr. Jn 20, 20). “¿Por qué tuvo que cubrir su cuerpo de llagas? ¿Por solidaridad y adhesión a nuestra causa? ¿Y qué aporta un Dios vulnerable a un ser humano que lo que quiere, precisamente, es una salida para tantas heridas y tanto mal?” (Mª. D. López Guzmán).

Posiblemente sea el hombro donde apoyar nuestra fe porque “Él cargó con nuestros dolores y con sus cicatrices nos hemos sanado” (Isaías 53, 5). El perdón de nuestros pecados y de nuestros complejos de culpa: “Él sana los corazones destrozados y venda sus heridas” (Salm 147,3). La compasión profunda, la solidaridad hasta el extremo, la experiencia de que “no hay amor más grande…”, la convicción de que sólo el amor resucita para siempre…

Este año tendré el privilegio de vivir la Pascua en América Latina, con su permanente llaga abierta. Ya sé desde ahora que me aportará dolor y compasión, frustración ante la incapacidad de curar tantos dolores. Pero también consuelo, resistencia, valentía para las heridas propias. Espero que seo un don del Espíritu. ¡Que tengan todos y todas una buena Pascua!

miércoles, 13 de abril de 2011

EVANGELIO JOVEN: Semana Santa


La Cruz de los Negros

(Este domingo, con los ramos en las manos, empezamos Semana Santa. No voy a comentar toda la pasión, que la lea cada uno/a lo más concentrados que podamos. Me voy a conformar con traerles unos versos de un poeta haitiano Felix Morisseau Leroy (Jacmel, 1912), que escribe en créole. Nos recuerda quién ha llevado siempre las cargas pesadas: los negros, los pobres, los traspasados. Nos avisa a quienes seguimos a Jesús de Nazaret, que nos darán un silbo, un chasquido de dedos: Eh tú, negro!... Eh, tú, cirinea, ven p'acá a arrimar el hombro!)

Así ocurrió
Jesucristo tenía que morir
Pese a todo tenía que morir
Aun cuando Pilato dijera que no
Caifás insistía tanto
Que se llegó a condenar al Hombre
Tenía días sin comer
Y estaba tan débil
Que al subir al Monte de los Olivos
Con dos maderos al hombro
Iba de tumbo en tumbo
Pilato lo miraba con compasión
Y también los soldados romanos miraban
Fue entonces que por ahí pasó un hombre
Simón Cireneo
Un negro fuerte, como Paul Robeson, pasó por ahí
Miró aquello como sólo los negros saben mirar
Pilato sintió lo que el negro tenía en su corazón
Y a los soldados hizo una señal
Todos se echaron sobre Simón
Y con fuerza lo apalearon
Luego le dijeron: toma la cruz y cárgala
Simón tomó la cruz
La tomó de la mano del blanco
Se echó a correr con ella
Se echó a cantar
Se echó a bailar
Bailó cantó
Se fue corriendo hacia arriba
Dejando atrás a todos
Regresó cantó bailó
Hizo girar la cruz sobre su cabeza
La echó al aire
La atrapó
La cruz quedó bailando sola en el aire
La gente gritó milagro
Y cuando cayó la cruz
Simón la tomó
Bailó mucho con ella
Antes de devolverla a Jesús
Desde entonces
Cuando es muy pesada una cruz
Cuando algo pesa demasiado
para las fuerzas de un blanco
Llaman a un negro para que cargue
Después bailamos cantamos
tocamos el tambor
tocamos el bambú
Nuestra espalda es muy ancha
Cargamos la cruz, cargamos el fusil,
cargamos el cañón
ayudamos al blanco
cargamos los crímenes
cargamos los pecados
cargamos por todos.

¡Que tengan buena Semana Santa!

jueves, 7 de abril de 2011

EVANGELIO JOVEN: La Danza de la Permanencia (Vº Cuaresma)


LA RESURRECCIÓN DE LÁZARO Jn 11,1-45

(El evangelio de este domingo nos presenta a Lázaro. ¿Quién es Lázaro? Un amigo querido de Jesús, hermano de Marta y María. Su casa de Betania era algo más que una familia de acogida, era una veradedera Iglesia doméstica: Marta servía, María escuchaba la Palabra, la casa olía a nardo… ¿y cuál era el oficio de Lázaro? Participar del destino de Jesús, anunciando su muerte y resurrección. Debido al revuelo que se movió con la resurrección del amigo, los sumos sacerdotes decidieron que Jesús debía morir (Jn 11, 46-53); y quisieron matar a Lázaro también porque muchos creían a causa de él (Jn 12, 10). Sobre el posterior destino de Lázaro, sólo hay elucubraciones: San Epifanio dice que según la tradición, Lázaro tenía 30 años cuando resucitó de la muerte. Después vivió otros treinta años. Las visiones de Catherine Emmerich coinciden en señalar que huyó, junto con sus hermanas, de las primeras persecuciones de cristianos en Palestina hacia Gaul (Marsella). Según una tradición griega, Lázaro murió en Chipre; según la tradición provenzal, murió mártir en Marsella después de haber predicado mucho. Lo que importa es que fue resucitado por Jesús. Muchos literatos han fantaseado sobre este tema imaginando que Lázaro se resistía a resucitar, después de haber probado el beso de la muerte. ¿Quién es Lázaro? En este Vº Domingo de Cuaresma, Lázaro somos tú y yo, que escuchamos la llamada de Cristo, pero nos cuesta levantarnos del sueño. Invitados a salir de la tumba, dejando las vendas que nos envuelven. Llamados a dar testimonio de él con nuestra resurrección.

Acabamos hoy este taller de la hermana Mª. Carmen Ferrero para aprender a danzar con Jesús, con la danza de la permanencia, a pesar de los tiempos difíciles)

LA DANZA DE LA PERMANENCIA

En este proceso de aprendizaje, vamos a danzar con “notas” distintas. En esta partitura musical abundan los “silencios” y los “sostenidos” que nos invitan a PERMANECER en el Centro.

Un permanecer, que no es sinónimo de pasividad y quietud, sino invitación a DESPERTAR: “No está muerto… está dormido”

En la sabiduría oriental, existe un diálogo entre un discípulo y un maestro:

-¿Hay algo que yo pueda hacer, para llegar a saber? -Tan poco como lo que puedes hacer para amanezca por las mañanas. -¿Entonces para qué sirve estar aquí? -Para estar seguro de que estarás despierto cuando el sol comience a salir

Esta es la “permanencia” a la que nos invita la Danza: A permanecer para estar seguras que no estaremos dormidas para percibir la LUZ de la Presencia que nos HABITA permanentemente. PERMANECER:

Ante lo que aparentemente es “muerte” y oscuridad: “Permanecer en mí y yo en vosotros… Quien permanece en mí y yo en él dará mucho fruto” (Jn15,4-5)

Permaneced desde la “nota” que nos habla de silencio y silencio sostenido por Aquel que es: La Palabra de la Vida.

Permanecer para poder “ajustar” nuestros tiempos a los suyos y, acoger la sorpresa de su Presencia que acompasa nuestro tiempo al suyo a través de nuestro “DESPERTAR personal hacia la Unidad con el Origen” ( Willigis Jäger).

La danza de la PERMANENCIA nos va conduciendo gratuitamente al “movimiento” de quitar la losa que nos hace vivir como muertos encerrados en sus tumbas.

Desde la Danza, acogemos en nuestra Identidad más profunda las palabras de Jesús: “Ven fuera… sal a la vida”, porque yo, tu Dios, “danzo para ti como en día de fiesta” (Sof 3,17)

“Si haces caso a mi danza, ve a ti mismo en mí”(Hechos apócrifos de Juan)

Una Danza que nos habla de Vida, de quitar losas de muerte y salir fuera, donde la VIDA, en sus múltiples formas, nos ofrece la Presencia sin forma de Dios, como sinfonía que resuena AQUÍ Y AHORA (W. Jäger)

PERMANECER… Aunque en nuestro corazón broten “voces” que suenan a: “Si hubieras estado aquí…” Y acoger la PRESENCIA/AUSENCIA de Quien sostiene nuestra vida y, nos abre a la CONFIANZA PLENA de Aquel que es la Resurrección y la Vida. Sólo desde Él, podemos vivirnos como mujeres RESUCITADAS.

En el último domingo de Cuaresma, somos invitadas a DANZAR desde la experiencia profunda de saber permanecer en Él…

Desde Él, entramos en la vida de Dios y nos dejamos llenar por la sensación de VIDA que Él nos regala… Y DESCANSAMOS confiadamente en el AMOR que se hace DANZA por cada una de nosotras.

Bueno, al final del “cursillo”, igual ya hemos aprendido algunos pasos para danzar en lo cotidiano y convertir nuestra vida en Danza compartida: Bien “agarraditas” al Bailarín, seguro que nos vivimos como:

PASO DE LA DANZA DE DIOS…

CONDUCIDAS POR EL BAILARÍN…

HASTA LLEGAR A SER:

MÚSICA, DANZA Y BAILARÍN


miércoles, 30 de marzo de 2011

EVANGELIO JOVEN: La Danza de la Transformación (IVª Cuaresma)


EL CIEGO DE SILOÉ Jn 9,1-41

(No me negarán que la imagen de la Conversión como un Pasar del Luto a la Danza es muy potente. Pero este "Curso para aprender a danzar con Jesús", puede parecer a algunos cada vez más místico y es difícil sostenerse sobre las puntas de los pies. Por esto les confesaré que yo no vivo la Cuaresma con un solo registro: Aquí, con ustedes, seguimos el Curso de danza dirigido por la hermana Mª Carmen Ferrero; en Binissalem, un taller de Lectura Comunitaria de EDV dirigido cada semana por una mujer distinta (Eva, Sara, Samaritana, Madre del ciego, Marta, Magdalena); las homilías dominicales, ayudado por el grupo sabatino de Lectio Divina de nuestro Santuario; las diarias, por Ángel Moreno de la Buenafuente… ¡Que no falte la música!)

Con el ciego de Siloé, nos vamos a ir metiendo en la Danza que transforma e ilumina. Una transformación que es posible, gracias “al barro que limpia nuestros ojos”.

Un buen momento para aprender “otro paso” de nuestra Danza Cuaresmal. Un “paso” que habla de: relajarnos, aflojar esas tensiones que nos hacen permanecer siempre en el mismo lugar de la pista y nos impiden abrirnos a la NOVEDAD.

Vamos a “soltar” todo lo que suena a rígido, lección aprendida e ideas inamovibles. Vamos a “desaprender”- hay una canción de Luís Guitarra, cuyo título es: desaprender, escuchadla si podéis- y nos vamos a atrever a dar un “giro total”.

Un giro de esos que nos deja a la intemperie, como cuando los trapecistas sueltan su trapecio y se lanzan al vacío… Vamos a soltar esos “agarraderos” que nos dan una sensación – bueno, se la dan a nuestro yo- de “seguridad”.

El primer movimiento de nuestra danza, nos invita a “cambiar de postura”: “No es éste el que estaba sentado pidiendo limosna”.

No podemos “danzar” sentadas, esperando que nos den… Es necesario levantarnos y quitarnos el barro de los ojos… ¡Ve y lávate!”, ponte en pié y déjate transformar… Descubre la realidad de Dios en tu vida.

Un “cambio de postura” cuyas notas suenan a FIARNOS de Aquel que toca nuestro barro y nos transforma en hombres y mujeres nuevas.

El ciego de nuestro relato, en un primer momento no sabe disfrutar de la transformación que se ha producido en su vida.

Simplemente se dedica a realizar aquello que le es mandado: “Ve a la piscina de Siloé y lávate…Y va… No hay planteamientos, nada se ha transformado en su interior. Por eso, cuando le preguntan quien le ha curado dice: “Ese individuo que se llama Jesús hizo barro, me untó los ojos y me dijo que fuera a lavarme. Fui, me lavé y recobré la vista”… ¡Y ya está! Hizo lo que le mandaron… Y se le “escapó” el ENCUENTRO personal que TRANSFORMA la oscuridad en Luz.

Ni sabe cómo se llama el que le regala la Luz, ni dónde está, ni quién es… repite una y otra vez el mismo discurso: “Hizo barro, me untó y me lavé y veo…”

Y Jesús lo busca otra vez…e interpela su vida: ¿Crees en ese Hombre?... ¿Quién es?...El que habla contigo… CREO, SEÑOR.

La experiencia personal, la personalización de nuestra fe, es lo que transforma nuestra vida y nos capacita para dar razón de nuestra esperanza.

No es posible un proceso de transformación, si no va acompañado de un proceso personal de nuestra fe.

El ENCUENTRO personal es lo que trasforma nuestro barro y nos permite “escuchar” la suave melodía que nos habla de FIARNOS… de CONFIANZA… de UNIDAD dinámica que nos va transformando en lo que ya SOMOS de fondo, aunque muchas veces caminemos por la vida sin ser conscientes de ello. Quizás porque vamos todavía con el “barro puesto”.

El ciego de Siloé “cree”, pero todavía no ha VISTO… por eso nada se ha transformado en él. Sólo “repite acciones” que le indican el camino de la luz, pero no ha saboreado y experimentado la LUZ.

En este “cambio de postura”, la melodía del ENCUENTRO nos va llevando: de la “práctica” de la religión, a la experiencia de la espiritualidad, a la experiencia del Misterio de lo Real, donde nada es separado…TODO ES.

Cuando somos capaces de ENCONTRARNOS con Aquel que nos susurra: “Lo estás VIENDO, el que habla contigo”… entonces se nos regala la capacidad de responder: CREO, SEÑOR. Un “creo” que suena a Encuentro, a experiencia, a cambio radical de postura…A “POSTRARNOS” ante Él, es decir, a ABANDONARNOS en Él…

A no “creer que vemos”, sino a experimentar que SOMOS el que VE y el que es VISTO, que somos Testigos de la LUZ.

Un Encuentro que nos va conduciendo por el camino de la UNIDAD plena.

Y desde esta Unidad que “presiento”, quiero “regalaros este anhelo de Unidad que hay en mí y que hace un tiempo se me regaló como experiencia de Unidad.

La Unidad que presiento

Durante casi toda mi vida he conjugado el verbo ser:

Yo soy… Tú… eres. El…es

Marcando distancias

Fortaleciendo el yo soy…

Separando el tú eres…

Diferenciando… él es

… Y me despertó la música de tu Presencia

con acordes infinitos que no tienen fin.

…Y me sacaste a bailar la Danza de la UNIDAD…

Sujetándome tan fuerte…

que Tú y yo

no somos Tú…y yo…

Somos: “YO SOY”

No hay espacio para “dos”

…y siento que me llevas…

y que soy llevada.

Pero no hay dos…

Una sola Danza… y un BAILARÍN

Somos NO-DOS.

No hay distancias…

Somos FUSIÓN.

Formas de una misma REALIDAD…

Abrazados hasta ser:

El Abrazo y lo abrazado,

El Beso y la besada

El Amante y la amada

Eres en mí.

Y el “mí” deja de existir

Para ser en Ti…sin Ti

No hay tú… ni yo…ni nosotros…

Solo hay SER.

Ser… sin “hay”

No hay nada, todo ES;

VACÍO Y NADA, recreado en PLENITUD.

Y Respiro PRESENCIA…

Y todo huele a vida…

Y todo SABE a SER.

Y siento que mi cuerpo se estremece,

Y mis ojos se bañan en lágrimas

que son SILENCIO agradecido

Y me abrazo fuerte… sin poseerte

En el AQUÍ Y AHORA de la UNIDAD que SOMOS…

En el Misterio que desborda y abre a la vida

donde todo ES y te REGALAS. ¡¡Gracias!!

martes, 22 de marzo de 2011

EVANGELIO JOVEN: La danza del abandono (IIIº Cuaresma)


LA SAMARITANA Jn 4, 5-42

(Seguimos con el "Curso para aprender a danzar con Jesús", dirigido por Mª Carmen Ferrero hcsa)

En la danza no cabe la rigidez, la danza nos habla de flexibilidad, de abandono, de VACIAMIENTO total, de sabernos y sentirnos SOSTENIDAS por el abrazo del “DANZANTE”. Así que, en este aprendizaje que vamos recorriendo, hoy nos toca: APRENDER A ABANDONARNOS… VACIARNOS


Detenemos nuestra atención en ese cántaro que va y viene al pozo, pero que no es capaz de saciar nuestra sed… Todos los días lo mismo: coger el cántaro vacío, ir al “pozo” y volver… No hay más anhelos ni más deseos. La rutina nos impide descubrir la NOVEDAD del AGUA que salta hasta la vida eterna y, que nos regala ese NOMBRE nuevo con el que Dios nos sorprende cada día y, con el que nos invita a dejar “nuestro cántaro” vacío junto al pozo…


Dejar el cántaro y aventurarnos a vivir desde el abandono, despojadas de todo aquello que nos impide Saborear el Agua Viva.Para Danzar es imprescindible DESPOJARSE de todo lo que nos impide “movernos “al compás del Espíritu y, descubrir su Presencia amorosa en cualquier “medio día” de nuestra vida. Necesitamos despojarnos de todo lo que nos impide vivir en plenitud:


Despojarnos de ideas aprendidas que paralizan nuestra “danza” porque andamos divagando si es en este monte o en el otro donde hay que adorar a Dios, si es este el “lugar sagrado” o es otro… Y en las cavilaciones mentales se nos escapa la oportunidad de vivir la vida y lo cotidiano, como el ESPACIO SAGRADO por donde Dios se nos manifiesta.


Despojarnos de esas ideas que nos hacen vivir desde la superioridad y nos van conduciendo por el camino de la intolerancia, dentro y fuera de nuestros espacios comunitarios… “¿Vas a ser tú más que nuestro padre Jacob?”


Despojarnos de esa agua que no sacia nuestra sed profunda – sólo apacigua nuestro ego- y abandonarnos a la corriente desbordada, Fuente de vida en plenitud: “Todos los seres vivos que bullan allí donde desemboca la corriente, tendrán vida…Y habrá vida dondequiera que llegue la corriente” (Ez 47,1-12). Esta es el Agua que sacia nuestra SED

Sólo cuando nos despojamos de todo lo que nos impide vivirnos en plenitud, es cuando podemos abrazarnos al Danzante y permitir que ese Abrazo vaya marcando el ritmo de nuestra vida con movimientos de abandono y despojo… no para “hacer” la voluntad del Padre, sino para SER su voluntad en el AQUÍ y AHORA…

Dios no “necesita” que vayamos día tras día a buscar el agua, no “necesita” de nuestros agobios y tareas, de nuestras acciones para “hacer “su voluntad… Dios quiere que SEAMOS su VOLUNTAD…que dejemos a Dios SER a través de nuestra “forma”… así saciaremos nuestra SED profunda, que sólo puede saciarse desde Él, que es el AGUA y la SED.

Y esto es abandonarse, vivirse desde la DOCILIDAD de fondo, de esa Docilidad que nos Habita y que llamamos: Dios, Presencia, Abbá, Agua, Sed… MISTERIO.

Danzar al ritmo de la Música del Padre, es dejar que las cosas sucedan y entregarnos a lo que acontece, desde una CONSCIENCIA y Atención plena que nos permita experimentar que: “No tener nada es tenerlo TODO” (Maestro Eckhart ), que dejando el cántaro vacío junto al pozo, paradójicamente, no tendremos jamás más sed… porque sólo en Él encontramos: el pozo, el agua, el cántaro y la SED…UNIDAD que no deja nada fuera, UNIDAD en la que TODO ES y en la que todos SOMOS.

Este es el lenguaje de Dios: perder para ganar, menguar para crecer, despojarnos para experimentarnos PLENOS en su PLENITUD.

Abandonarse… vaciarse… no aferrarse a nada para poder sorprendernos por el derroche del TODO.


Desde el Despojo, es desde donde nace nuestra capacidad de asombro y nuestra capacidad para VER y ACOGER la DESMESURA de Dios, que sobrepasa nuestras pequeñas expectativas:


El hijo pródigo sólo buscaba el perdón del Padre para poder comer… y se encontró con el Padre que corrió a su encuentro y se fundió en abrazo hecho Derroche y Fiesta.


Los jornaleros de la plaza buscaban el salario de última hora, y se encontraron con una “paga extra”.


Los discípulos de Emaús sólo querían desahogar su corazón afligido, y sintieron como su corazón abrasaba.

Danzar desde el ABANDONO… nos va introduciendo en la Danza de la DESMESURA: donde no tener nada… nos conduce a la experiencia del TODO.

¿Por qué si Dios es la DESMESURA nos empeñamos en seguir “bailando” la danza de la posesión, y nos cuesta desprendernos de tantos “cántaros” que no sacian nuestra sed, y nos hacen mujeres rígidas y sin movimiento ante la Música de la Banda Sonora del Reino?

“¿Con quién te compararé? ¿A quién te pareces?... Tocamos la flauta en la plaza y no bailaste ni te alegraste”

Tomar conciencia de la Melodía del Reino, es atrevernos a escuchar la Música que nos habla de abandonar nuestro cántaro vacío y, consentir que su Manantial de Agua Viva nos colme hasta la DESMESURA… hasta el DERROCHE.

El que no vive despojado de sí mismo, es incapaz de “percibir” el susurro de la “DANZA”, incapaz de lanzarse a la corriente, porque le basta “su gota de agua”… Y al mirarse, solo puede ver el reflejo de su propia imagen.

El DESPOJO, el ABANDONO… nos va conduciendo a esta DANZA que nos hace “girar y girar” siempre desde el Centro… Y desde ahí, HABITADAS y llevadas por el DANZARÍN, saborearemos el GOZO de sentirnos y sabernos ENAMORADAS…

Desde el CENTRO… AMOR, AMANTE Y AMADO SON UNA SOLA COSA… Y al “mirarnos” veremos la Belleza de Dios…UNIDAD de todo lo que ES. Derroche de AGUA VIVA.

Foto de Victória Cànaves (Museo de Lluc)

viernes, 18 de marzo de 2011

EVANGELIO JOVEN: La Danza de la Confianza, a pesar de la Ira (IIº Cuaresma)

Nos adentramos en la Cuaresma y el desierto que encontramos es sobrecogedor. La tensión de la catástrofe del Japón, que han definido apocalíptica, y que en Europa preocupa más por la amenaza nuclear que por los muertos y víctimas. Los conflictos en el norte de África, Libia especialmente, cuando parece que los Organismos Internacionales han decidido intervenir y el general amenaza con extender la guerra al mediterráneo. Los muertos sin contar, y apenas sin cuota de pantalla, del Medio Oriente, de Irak, de la infancia desnutrida, de la violencia de género, etc. No está el horno para bollos ni la situación para fiestas.

1. Indignaos y danzad

¿Cómo seguiremos hablando de danza? Voy a servirme de un magnífico post del teólogo José Arregui (que parte del libro de Stéphane Hessel, “Indignez-vous!”, que arrasa por estas latitudes):

“Enteraos, ahora es momento de bailar, y bailemos. El Reino de Dios, el mundo nuevo, no hay quien nos lo quite. Mirad los pájaros del cielo que cantan a la lluvia. Mirad los lirios del campo, ¡cómo los viste Dios! Cuando hay que indignarse y hacer duelo, indignaos y haced duelo. Y cuando hay que danzar, danzad. Y no tengáis miedo, pues Dios os cuida. Cuidaos del miedo. Y si por cualquier razón o sin razón alguna os aflige la angustia, danzad en espiral con el cuerpo y el alma, y ayudad a Dios a liberaros o a liberarse de la angustia en vosotros. Yo danzo para ti. Dios danza en ti para ti. Danza también tú en Dios para Dios.

Necesitamos esa espiritualidad de la indignación y de la danza. La indignación cuando hay que indignarse contra la impiedad. La danza cuando hay que dar rienda suelta a la vida y la dicha, a la paz y la confianza, a la bondad y la belleza. Necesitamos la espiritualidad de la indignación que sabe resolverse en danza. La danza, ese arte integral que libera el impulso originario de la vida que late en las entrañas del hombre, en las entrañas de la mujer, en las entrañas de la Tierra, en las entrañas de Dios.

Necesitamos recuperar esa espiritualidad. No quiero decir que necesitamos recuperar la espiritualidad perdida, como si la hubiéramos tenido en el pasado, como si el tiempo pasado hubiera sido mejor. Necesitamos espiritualidad, espíritu, respiro. Necesitamos espiritualidad en esta sociedad perpleja que somos, en este tiempo incierto que vivimos, en este planeta amenazado que habitamos, mejor, que somos”.

2. Transfiguración: La danza de la Confianza

“Un nuevo paso en nuestro aprendizaje… DEJARNOS LLEVAR POR EL BAILARIN hasta vivirnos como esa nota irrepetible en la sinfonía de Dios, hasta experimentarnos como el que baila y el que ES bailado… Levántate y no tengas miedo porque en la Danza de mi Amor no importa que los pasos no salgan perfectos, lo tuyo es DESCANSAR en el BAILARÍN y dejarte llevar: “Todo lo demás se os dará por añadidura”.

Poder danzar desde la Confianza no es cuestión de méritos, ni de “propósitos espirituales”. Confiar es cuestión de saber DESCANSAR EN ÉL, de abrirnos a Dios como nuestro DESCANSO y permitir que Él “se vaya diciendo” en nuestra vida y en la vida de todo lo que ES”.

ORAMOS…

Jesús sube al monte, / con los suyos, a hacer oración. Y se repite la experiencia.

¿Dónde?

No sé. A lo mejor no es arriba, sino dentro. A lo mejor la luz está dentro. A lo mejor la palabra del Padre resuena dentro, y te repite: Sí, hijo mío. A lo mejor la alegría viene de dentro. A lo mejor, Dios mío, todo está dentro.

¿Dónde? No sé. A lo mejor no es arriba, sino al lado. A lo mejor la dicha está en el grupo de hermanos. A lo mejor en los amigos encuentras la luz y la palabra. A lo mejor en la familia sientes la nube sagrada del amor que te envuelve. A lo mejor el Tabor siempre está junto a ti, en el otro, en los hermanos.

¿Dónde?

No sé, a lo mejor no está arriba, sino abajo. A lo mejor encuentras la dicha en el sufrimiento. A lo mejor Dios desde abajo te interpela: “Son mis hijos más queridos” A lo mejor, entre los pobres, te envuelve la nube santa de la misericordia. A lo mejor, tú puedes hacer que todo sea más Tabor.

¿Dónde el Tabor? No sé. Pero lo encontrarás si lo buscas de veras, si te abres a la luz, si te dejar guiar por el amor; o tal vez no lo encuentres, tal vez se te regale cuando dejes de buscarlo, o tal vez la misma búsqueda sea un Tabor”.