jueves, 25 de febrero de 2010

Creemos que Dios no nos envía a condenar a nadie

Este es el primer artículo del credo de los misioneros de los sagrados corazones, recogido en las Reglas de 1983, art. 15, después de la renovación post-conciliar, con cita anexa de Jn 3,17. Pero tengo la impresión que debería enriquecerse con alguna cita carismática. Cuando se menciona el tema entre nosotros, solemos hacer referencia a la corrección que hizo el Fundador al gran misionero de las Baleares, P. Jaume Rosselló: “Hable más del cielo y menos del infierno... “

Me animo a ofrecer algunas pistas para la profundización y evaluación de tema tan importante en esta cuaresma. Me limitaré a hacer un ejercicio de relectura de los Piadosos Ejercicios que escribió el P. Joaquim en honra de los Sagrados Corazones, meditaciones de los días 9, 10 y 12.

La palabra misericordia se encuentra unas 40 veces. Suele ser la petición más solicitada (“Tened misericordia de mí”), con este sentido: “¡Benditísimos Corazones! Misericordia ha sido vuestra el no haber acabado conmigo y condenándome, habiéndolo merecido tantas veces por mis innumerables pecados” (dia 4).


La paciencia de los SS. Corazones


“No hay ser más horrible, creatura más fea y abominable a los ojos de Dios, que un alma en pecado. Dios la odia. Dios en cumplimiento de su justicia, se ve precisado a castigarla en este mundo con penas temporales, y en el otro, si muere en la obstinación, con penas eternas”.

Innumerables son los ejemplos que cita del Antiguo Testamento (Castigo de los Ángeles, de Adán, de Caín, de Sodoma y Gomorra, de Datán y Coré, del pueblo en el desierto, de Saúl) y en el Nuevo, “de Jesucristo mismo castigado por su Eterno Padre con la mayor severidad hasta permitir que se le diese muerte afrentosa en cruz”.

“¡Desgraciados hijos de Adán! si los Sagrados Corazones no se hubiesen empeñado en su redención”.


Puede sorprendernos que la misericordia se llame, en primer lugar, “paciencia de los Sagrados Corazones”.

“Es una verdad de fe, que Dios no quiere la muerte del pecador, sino que se convierta y viva (Ez 33,11). No he venido, decía el Divino Salvador Cristo Jesús a los escribas y fariseos, a buscar a los justos sino a los pecadores (Mt 9,13; Mc 2,17), los que están enfermos( Lc 5,31), misericordia quiero y no sacrificio ( Mt 9,13 51; Lc 9,59) Y a los discípulos que le rogaban mandase bajar fuego del cielo para castigo de los de Samaria, que no le habían querido recibir les dijo: no sabéis a que espíritu pertenecéis, no vine a perder sino a salvar ( Lc 9,55)”. Mas, en donde mejor se ve la paciencia del Corazón de Jesús y del Corazón de su Inmaculada Madre en tolerar a los pecadores es en la cima del Gólgota, cuando perdonan a sus verdugos (Lc 23,24).


“¡Pacientísimos Corazones! y ¿quién no se llenará de estupor al considerar tanta bondad, tanta mansedumbre, tan inalterable paciencia en sufrir a los pecadores…? ¿Quién no se llenará de esperanza…? ¡Qué fuera del mundo a no mediar la paciencia de los Sagrados Corazones!” (día 9).


El sufrido amor paterno-maternal


El P. Joaquim compara la misericordia divina al amor paterno-filial. “No hay padres que deseen tanto el bien y prosperidad de sus hijos, cuanto los Sagrados Corazones desean la salvación de los pecadores. ¡Qué no hace un padre, una madre, por los que considera ser pedazos de su corazón!... Todo viene a ser nada en comparación de los cuidados, sacrificios, molestias que se toman los Sagrados Corazones de Jesús y de María por la conversión de los pecadores”.

A este fin (“por nosotros y por nuestra salvación”) envió Dios Padre al mundo a su Unigénito del seno de María, se encarnó y murió en la cruz. “Por nosotros y por nuestra salud cooperó también María a esa grande obra, sufriendo su Corazón Inmaculado cuanto sufrió su Hijo durante su vida en su sacrosanto cuerpo… Por nosotros y para que se salvaran los pecadores, se inmolaron juntos esos dos Sacratísimos Corazones, para satisfacer así a la divina justicia”.

Recurre a la historia entrañable del rey David, cortado a la medida del corazón de Dios (1Sam 13,14; Hech 13,22) que llora la muerte del hijo rebelde (2Sam 18). Al oráculo enternecedor de Isaías: “Filios nutrivi et exaltavi, ipsi vero spreverunt me. Ay, que crié hijos, los exalté hasta colmarles de beneficios, mas ellos me han despreciado" (Is 1,2). Al modelo de Saulo/Pablo, encontrado por Jesucristo, y convertido de perseguidor en apóstol (Hech 9).

El corazón se derrama en afectos sobrados, pues donde crece el pecado, abunda la misericordia: “Enternecido mi corazón y movido a contrición mi alma no puedo menos, Sacratísimos Corazones, de derramar abundantes lágrimas en testimonio de mi sincero arrepentimiento. Soy grande pecador, lo confieso, no hay mandamiento de vuestra santa ley que no haya quebrantado, no hay pecado que no haya cometido. De pies a cabeza me veo hecho un apostemia, una asquerosa llaga de vicios y de miserias ¿qué fuera de mí, Corazones Sacratísimos, si a vista de mi pasada y tan continua resistencia, me hubierais abandonado? Sin duda el infierno fuera mi morada. Continuad llamándome, continuad y sea el golpe de vuestra gracia que hiera mi endurecido corazón de sí tan recio, que me forcéis a abriros la puerta y a exclamar con Saulo, cambiando como él ya en otro: Señor ¿qué queréis que haga? Habéis de mi triunfado, benditísimos Corazones, rindo armas... No al mundo quiero seguir más en adelante, sino a vosotros, pues que sois mis amorosos dueños, mi tesoro, mi todo...” (día 10).


Áncora, arca, alcázar


“Innumerables son los males que aquejan a la humanidad… ¡Infortunados hijos de Adán! si lanzados en el borrascoso mar del siglo, si oprimidos bajo el peso de tantas culpas y calamidades y cerniéndose sobre el borde del eterno suplicio, no vislumbraran una arca de salvación, un lugar de refugio, un puerto donde guarecerse contra los huracanados vientos de este mundo, contra los asaltos del infernal enemigo.

Mas Dios rico en bondad y misericordia para con los hijos de los hombres, no ha querido careciesen de unos medios de sí tan necesarios y les ha dado en los Sagrados Corazones de Jesús y de María ese puerto seguro, en donde, ¡pobres náufragos! combatidos siempre por las oleadas del pecado, pueden defenderse; ese alcázar inexpugnable, en que pueden refugiarse los que por llegar a ser un día tan crecido número de pecados, corren peligro de verse pronto víctima de las eternas venganzas! Ese lugar de paz y seguridad, contra el cual viniesen a estrellarse los filos de las huestes infernales y a cuya vista la justicia de Dios justamente airada cambiada en clemencia y en infinita misericordia”.

En el Corazón de la madre de Jesús, “viviendo aún en este mundo, se refugiaban (los discípulos), cuando tímidos, por sus enormes culpas, temían algún castigo. A ella acudió Pedro, después de sus negaciones, y alcanzó por su medio el perdón. A ese Corazón tiernísimo de Madre, si se hubiese acogido hasta el mismo Judas, como lo afirman algunos Padres de la Iglesia, hubiera alcanzado misericordia y perdón.

Y el Corazón Sacratísimo de Jesús cuya bondad y ternura jamás tuvo límites, ¿se sabe que rechazara a ningún pecador de los que iban a humillarse a sus pies? Cuando acusados éstos por los fariseos ¿no era él quien los defendía? ¿No los buscaba cuando se le huían? ¿No hacía fiesta y quería que sus discípulos se alegrasen, cuando encontraba y convertía alguno de ellos? ¿Y no era él también el paño de lágrimas de cuantos postrados a sus pies, rompían, arrepentidos de todas sus culpas?”

El P. Joaquim hace un recorrido por las parábolas de la misericordia (Lc 15). “Cuando predicaba del hijo pródigo no había hombre que no prorrumpiera en sollozos”, afirma un testigo, y otro aseguraba que “hasta las piedras lloraban”.

En su entusiasmo, ingenuo y ferviente, llega a afirmar que los primeros cristianos eran “devotos de los Sagrados Corazones”. En ellos hallaron amparo, calor y refugio.

Las meditaciones terminan siempre en confrontación más personal del vis a vis, corazón a corazones: “Rubor me causa mi ruin comportamiento con la inefable bondad y clemencia que habéis siempre usado conmigo. Hace tiempo que vais siguiendo mis pasos, que vais silbando tras de esta oveja descarriada, para que al oír vuestro reclamo se detenga de la carrera de sus vicios, y vuelva de nuevo a vuestro amoroso redil” (día 12).


En la ventana de esta misma www dedicada a Contemplación del Traspasado encontrarán materiales para rabajar el tema en este mes de marzo.

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