miércoles, 6 de diciembre de 2017
Una experiencia de Dios como la de Moisés: El desierto, el nombre y el fuego
martes, 21 de noviembre de 2017
Leyendo la Biblia con el P. Joaquim Rosselló: "Dejar hacer a Dios"
Así como Abraham salió “sin saber a dónde iba”[1],
pero “seguro de quien se había fiado”, Joaquim Rosselló busca siempre la
Voluntad de Dios y “deja hacer a Dios” (discernimiento permanente). Muy condicionado por la pobreza: Alumno
externo compaginando trabajo y estudio en el seminario. Beca y beneficio en la Parroquia de Santa Creu para ordenarse de presbítero. El cuidado de su madre vida no le permite retirarse a una Orden religiosa.
Cuando ya han decidido reabrir la comunidad de Sant Honorat, les pide el obispo que
atiendan a la conflictiva parroquia de La Real, y lo aceptan a pesar de ser un
“lugar tan poco ventajoso para ellos”[8].
Nuestras Reglas lo formulan de esta manera: “La obediencia nos pone en escucha continua de la Palabra de Dios”[12].
Cómo se actualiza esto: “Buscamos la
voluntad de Dios en la escucha de la Palabra, en la profundización del carisma
propio del Instituto, en el diálogo fraterno, en el discernimiento del superior
y en los signos de los tiempos”[13].
viernes, 9 de agosto de 2013
La campana de Sant Honorat (Carta con motivo del 123 Aniversario de la Fundación y del 25 Aniversario del P. Paco Fernández Salinas)
Queridos hermanos,
Reproduzco aquí cierto Itinerario
de Espiritualidad hacia los últimos de la tierra (que encontrarán al final del libro y conformado por los
siguientes elementos)
“Para sorpresa nuestra, muchos lo descubren como un
auténtico Misionero de los Sagrados Corazones. Él que nunca había destacado por
sus estudios del carisma o por su dedicación a las tareas congregacionales.
Jamás resultó elegido para ningún Capítulo, Junta o comisión de renovación. Y,
sin embargo, quienes lo conocían descubrieron que Paco estaba enamorado del
Corazón de Jesús, que invocaba a los SS. CC. continuamente. Era un hombre
convencido de que su misión procedía del amor de Dios y que los SS. Corazones
peregrinaban con él. Envidiable síntesis que conectaba el sufrimiento de los
“pequeños” con el amor y espiritualidad de los Sagrados Corazones. Paco había
hecho de ellos su principio dinámico y la unidad de su vida de que hablan las Reglas
de su Congregación. Cuando llega el crisol de la enfermedad, que no puede explicarse
racionalmente, se impone un salto cualitativo. Muchos empiezan a sospechar que
Dios tiene algún pacto secreto con él: “Vos debés estar muy adentro del Corazón
del Padre” (C. Calgaro). “Los SS. Corazones te han elegido como el predilecto
de su ternura y amor para que entendamos muchos (congregantes o no) el mensaje
redentor del dolor y de la entrega” (J. Alegría). Con su jadeante carrera
llegará a profundizar líneas ascéticas y místicas de purificación en el amor,
de ofrenda como víctima expiatoria, de identificación con el Crucificado...”
(J. Reynés).
y la Resurrección del Señor. Nos comprometemos a buscar en primer lugar el Reino de
Dios por las vías de la contemplación y de la misión que
busca por todos los medios posibles la salvación de los
hombres.martes, 6 de diciembre de 2011
Sermón del P. Joaquim Rosselló sobre la Inmaculada
“Un gozo inexplicable inunda mi corazón desde el momento que me considero constituido en este lugar santo para formar una guirnalda, para tejer una corona de alabanza, para predicar las glorias de la Inmaculada….
Ay, queridos hermanos, mi mente se nubla, mi lengua tartamudea, mi corazón late apresuradamente, y no sé como proseguir anunciándoos las grandezas del misterio de la Inmaculada Concepción.
Divino Señor, iluminad mi entendimiento, Vos que sois la luz verdadera que viniste a este mundo para iluminar a todo el que viene a este mundo (cfr. Jn 1,9). Poned palabras en mi boca, Vos que sois Palabra eterna del Padre y Sabiduría infinita. Espíritu Divino, encended mi corazón en amor a esta celestial Señora. Y a Vos, ¿qué os voy a decir a Vos, oh Virgen Inmaculada, si se trata de vuestra misma persona? Seguro que no me negaréis vuestra intercesión. Ave María”.
2. Contemplación de la visión celestial: Signum magnum apparuit in coelo (Ap 12).
2.1 “María, la obra más perfecta que saliera de las manos de Dios, por verse libre de toda culpa desde el primer instante de su Concepción y enriquecida con toda clase de perfecciones...”
“Apareció en el cielo una señal” (Ap 12,1). Aquel grande evangelista, a quien por la altura y elevación de sus conceptos se le da el nombre de Águila, el Evangelista S. Juan, estando en altísima contemplación, se le apareció en el cielo una gran señal, la cual era una mujer, una Señora, vestida de sol, que ceñía su cabeza con una corona de estrellas, y que la luna le servía por peana de sus pies. Atónito quedó el santo Evangelista, y más cuando Dios le reveló lo que figuraba, lo que simbolizaba esta mujer que era la Iglesia, que era también según opinión de los SS. PP. nuestra Inmaculada reina.
¡Oh, sí! qué hermosa sería María ya en el primer instante de su ser al aparecer delante de Dios y de sus ángeles vestida del sol de la gracia, porque más brillante que el sol fue la gracia santificante en su purísima alma. Qué graciosa delante de los ángeles, que les obliga a preguntarse unos a otros: “Quién es ésta, escogida como el sol, más hermosa que la luna” (Electa ut sol, pulchra ut luna Ct 6,9). ¡Qué majestuosa con la corona de doce estrellas y sirviéndole de peana de sus pies la misma luna! ¡Ah!, desde luego el Padre la proclamaría su hija, el hijo la elegiría por su madre, el Espíritu Santo por su templo, por su santuario, por su paloma, por su esposa... Desde luego, los ángeles la escogieron y proclamaron por su Reina, resolviéndose más tarde (a) inspirar a los hombres que la tomaran por su Reina y por su Madre. ¡Oh! y qué hermosa fue María con la gracia de su Concepción Inmaculada, qué hermosa al aparecer revestida y adornada de todas las virtudes, que cual rutilante corona de estrellas hermoseaban su augusta frente”.
2.2 El icono del Corazón de Jesús y del Corazón Inmaculado de María unidos
“En la creación de esas dos obras magníficas, en que tanto resplandece la gracia y el poder divinos, puede decirse, que Dios agota en cierta manera todos los recursos de su poder y sabiduría infinitos. Pues que siendo omnipotente e infinitamente sabio, dice el Angélico Doctor, no pudo crear una humanidad y por lo mismo un corazón más perfecto que el Corazón de Jesucristo, por razón de la unión hipostática con la persona del verbo, ni un alma más pura y santa, ni un corazón más noble y grande a excepción del de Jesús, que el de la Inmaculada María, que le prestó su sangre.
¿Qué extraño que se llenaran de estupor todos los espíritus celestiales al serles revelada la magnificencia y la grandeza de estas dos excelentísimas obras de la sabiduría y poder divinos? ¿Cómo no exclamar al ver a María tan pura y sin mancha, tan unida su corazón con el corazón de Dios, al que comunicó su sangre y vida? ¿Quién es ésta, que sube del desierto apoyada sobre el brazo de su amado, hermosa cual la luna, escogida como el sol, temible a sus enemigos como un ejército puesto en orden de batalla? Quae est ista? ( Ct 8,5). ¿Cómo no llamarla el mismo Dios hermosa dos veces: Quam pulchra es! Quam pulchra es! (Ct 4,1), y tras convidarla a ser coronada: Veni de Libano, soror mea, sponsa. Veni de Libano coronaberis (Ct 4,8). Sí, muy justo es el estupor de esos espíritus celestiales, al lanzar sus miradas sobre esas dos magníficas obras de la omnipotencia y sabidurías divinas. Justo, muy puesto en razón que al fijarse en el tiernecito Corazón de Jesús apenas su nacimiento, bajasen todos a adorarle: Et adorent eum omnes angeli eius (Sl 96,7; Hb 1,6) , y que el Padre tuviese ya en este corazón desde aquel instante mismo su complacencias: In quo mihi bene complacui (Mt 3,17). Porque no hay ni puede haber obras más perfectas ni más excelentes, ni que más correspondiesen a los deseos y querer de su Creador, que esos dos Sacratísimos Corazones.
Admiremos, pues, y adoremos a esos clarísimos soles radiantes siempre de esplendor y hermosura, a esos focos de grandeza y de amor que tienen suspensos hasta los mismos serafines”
2.3 La belleza del alma, imagen de Dios
“Hermanos, luego de derramar sobre nuestra alma el agua regeneradora del Sto. Bautismo, el germen de todas las virtudes se ingirió también en ella. Oh y qué hermosa es un alma que está en gracia; es tan bella y agraciada, cuánto fea la pone el pecado al tener la desgracia de caer en él”.
3. “Moralidad”: Como por contraste o a contraluz
3.1 “Asunto moral: una mirada sobre nuestra alma engreída ya desde el principio por la culpa original y horriblemente afeada por innumerables pecados actuales. Una mirada sobre nosotros mismos... Peso de su gravedad medido por la santidad de Dios; malicia, por ir directamente contra su grandeza, por oponerse a sus beneficios, por ser el pecado actual una renovación de la Crucifixión de J.C.: Rursum crucifigentes etc. (Rm 6, 6).
Excitación, propósitos, súplica: Culpa rubet vultus meus, suplicante parce Deus...
3.2 “Presentar una pintura de la sociedad actual, doctrinas modernas, corrupción de costumbres, emancipación de Dios... Río impetuoso que saliendo de madre lo va devastando todo y empujando a la sociedad actual al horroroso cataclismo de devorarse los hombres, hecho peores que las fieras, unos a otros.
Remedio para tanto mal: volver a Dios por María, en quien Dios se complace, ya por verla libre de toda culpa, desde el primer instante de su ser, ya por considerarla adornada de todas las virtudes...”
3.3 “Moralidad: Tal debe ser nuestro agradecimiento a Dios por los beneficios recibidos y principalmente por el de la gracia recibida ya en el sacramento del bautismo, ya en el de la confesión. “Amar a Dios de todo corazón”, primer precepto.
3.4 Moralidad: Tales deben ser también los cánticos en que debe prorrumpir nuestra lengua a vista de los favores que recibimos del Señor, principalmente a vista de los inestimables favores de la paciencia, de la bondad, de la misericordia que ha usado (ante la) indiferencia en el negocio de nuestra salvación… Qué bondad, qué misericordia. ¡Oh, sí! Digno es Dios de que empleemos con María nuestra lengua en su alabanza por tanto favor, por tanta gracia...”
Foto de la Purísima de la parroquia de sant Jaume, ante la que oraba el niño Ximet Rosselló.
sábado, 10 de julio de 2010
El Fuego de Dios: La barca y el pajarillo (4)
A nuestro joven protagonista lo llamaban “Ximet” (diminutivo cariñoso de Joaquim en mallorquín), pues llevaba el nombre del señor de la noble familia Gual de Torrella, del “carrer de sant Jaume”, cerca de la Plaza de la Reina, donde servían sus padres. Cuando yo era seminarista, empinábamos la cabeza hacia un ventanuco trasero de la casona donde imaginábamos que harían su vida los criados.
Es curioso como, en su madurez, el P. Joaquim encaraba aquella “adolescencia, edad prohibida” y la “juventud, divino tesoro, tú te vas para no volver”, sin complejos ni nostalgias. Nos dejó escrito en sus Notas: “La época más peligrosa para un joven, debemos confesarlo, es aquella en que se dedica a los estudios, o tal vez a aprender algún arte u oficio. Pocos son los que en época tan azarosa no naufraguen en el tempestuoso y bravo mar de este mundo”.
Palma vive de cara al mediterráneo, y las barcas de pesca no amarraban lejos del Borne. Así que le resulta espontánea la comparación de la juventud con una travesía por mar: “Las causas principales de estos naufragios suelen ser la inexperiencia propia de esa edad, el roce de compañeros malos y corrompidos, la violencia y el empuje de las pasiones que comienzan a querer explotar, máxime la de la lujuria; la lectura de novelas amorosas e impuras, libros de texto, que los dan muy malos a veces en ciertas aulas, y explicaciones de profesores saturados de impiedad, que existen por desgracia en nuestros días en las universidades de Europa”.
En unos años en que el analfabetismo masculino llegaba al menos al 75%, Ximet tuvo el privilegio de cursar sus estudios primarios, probablemente en la misma barriada de sant Jaume donde vivía.
“En ninguna época de mi vida, cual en la de mis estudios, (puede que) sintiese mayor fervor y devoción en el servicio de Dios”. ¿A qué se debe tal rareza? A la “gracia, que juzgo recibí del bondadoso Corazón de Jesús en aquella mi tierna edad, antes que naufragara”. Y fue la buena amistad de D. Gregorio Trigueros (un lego jesuita exclaustrado, que residía en su misma calle) que supuso su “áncora de salvación”, “su cuidadoso Ayo o Tutor”.
“A ese buen amigo y a su estrecha y perseverante amistad juzgo deber, después de Dios, el que en mi edad juvenil (sin reparo a lo que pudiesen decir mis compañeros de estudios), frecuentara tanto los sacramentos, mayormente el de
A los 14 años manifestaba su inclinación al sacerdocio, pero D. Gabriel Rosselló (que cobraba un sueldo de 2 a 3 libras mensuales, equivalentes a algo menos de 10 ptas.) no podía dar carrera a ninguno de sus hijos. Ximet trabajó durante año y medio, primero en una chocolatería y luego de carpintero. Hasta que a los 16 años consiguió una beca, probablemente del señor de la casa, D. Joaquim Gual, que le permitió emprender sus estudios en el seminario, en régimen externo, como los alumnos pobres.
Sus acompañantes espirituales, en un tiempo de resabios jansenistas, lo educaron con la imagen de un Dios amoroso y providente, que guía nuestra vida. El buen hermano Gregorio, que se esforzaba por introducir esta nueva devoción en Mallorca, lo llamaba “devoción del Corazón de Jesús”. Y soñaba con la instalación de un Instituto de los Sagrados Corazones de Jesús y de María en Mallorca. “Añadiendo además, que, si llegaba a instalarse recorriendo… los pueblos de esta Isla, pronto se verían muchos isleños encendidos en el fuego de la divina caridad”.
2. “El san Luis de los tiempos modernos”
Así lo apodaba la gente, recién ordenado sacerdote, ¿por qué?... Antiguamente nos decían que era debido a su modestia angelical, exponente de una pureza eximia como la de San Luis Gonzaga. Nuevos estudios corrigen hoy esta imagen, y dicen ahora que fue por su dedicación preferente a la juventud, pastoral que se acogía al patronazgo del jesuita que murió antes de los 24 años, patrono de la juventud católica.
El P. Joaquim sintió siempre una preferencia por los jóvenes, a los que consideraba capaces de dar respuestas muy radicales:
“Te hallarás tan vez en la edad de veinte a treinta años, de cuarenta y más años; y ¿qué has hecho, que algo valga delante de Dios? ¿En qué obras has correspondido a las finezas de amor que recibiste de los Sagrados Corazones, desde que comenzaste a existir hasta estos críticos momentos en que respiras y vives? ¿Qué trabajos, qué sacrificios, qué es lo que has venido a emprender por ellos para darles muestras de que los amas? ¿No ha sido y es tu vida un entretejido de frivolidades? ¿En qué pasaste los años de tu infancia y puerilidad? ¿Te confundes de solo confesarlo? ¿En qué los de tu juventud? ¿Te ruborizas, al verlos manchados en tantos excesos lúbricos?” (PE Día 5º, 2º).
Voy a aportar un sencillo ejemplo tomado de su libro Piadosos Ejercicios para Junio, sobre el tema de la verdadera amistad y el amor auténtico.
“Persuadíos que no hay amor igual al que nos profesan los Sagrados Corazones de Jesús y de María… El amor que nada emprende, que nada sufre, que en nada se sacrifica por el objeto amado, no puede llamarse amor, decía San Agustín… Recorred, si os place, la carrera de ambas vidas, cual nos la marca el Santo Evangelio y vais a quedar completamente convencidos de la solidez de su amor, y de que esos dos Sagrados Corazones nos aman; no como nos ama el mundo que nada se sacrifica y sí mas bien, hace tantas víctimas cuantos son los que le siguen; sino con un amor verdadero…” (PE, día 6º).
“Creed, no a quien os halaga, sino aquel que os habla con sinceridad de amigo para vuestro bien, aunque alguna vez os amargue. Creed a Jesús cuyo Corazón de amigo os ama tanto que no tan sólo no ha engañado jamás a nadie, sino que ha hecho felices a cuantos han oído su voz y han seguido su palabra. Creedle, aunque os diga: "Si queréis venir en pos de mí, negaos a vosotros mismos, tomad vuestra cruz y seguidme" (Mt 16,24), porque estas palabras de sí tan duras, entrañan el germen de una felicidad eterna, de una gloria imperecedera.
No hay en el Santo Evangelio promesa alguna, de las que Jesucristo hacía a cuantos deseaban seguirle, que no vaya sellada del amor de su Corazón, y del deseo de nuestro bien. No halaga el Divino Jesús con el fin de atraer en pos de sí a la gente, como lo hace el mundo, y lo hacen regularmente los falsos amigos; pero dejaba sentir asimismo en sus palabras un no sé que de atractivo, que arrebataba a cuantos le oían.
Sus promesas iban por lo común acompañadas de ciertas asperidades que en nada quería ocultar, antes bien manifestarlas para que así fuese más meritorio el sacrificio de abandonarlo todo por seguirle: "Quien no lo renuncia todo, decía, no puede ser mi discípulo" (Lc 14,33); "Vosotros os entristeceréis y el mundo se alegrará, mas vendrá tiempo en que vuestra tristeza se convertirá en gozo" (Mt 16,24); "¿Podéis beber el cáliz que yo he de beber?" (Jn 16,20) decía a los hijos del Zebedeo; que le pedían los primeros asientos en su reino (Mt 20,22; Mc 10,38). Y a Pedro: "Mira que Satanás te zarandeará como trigo, pero no faltará tu fe. Non deficiet fides tua”(Lc 22,32). "Vosotros que todo lo habéis dejado por mí, recibiréis ciento por uno y después la vida eterna. Centuplum accipietis” (Mt 19,29). Estas son, almas cristianas, las promesas que por la misma razón que no nos halagan, tienen carácter de ser verdaderas; promesas que se ve bien claro que proceden de un corazón enamorado de las almas, de un corazón en nada doble o fingido, antes leal y sincero, de un corazón que para que fuesen los premios más sólidos y duraderos quería antes cimentarlos en la dura e incutible piedra de sacrificio… ¡Cuántos jóvenes que por su talento y condiciones prometían mucho y abortaron por haberse dejado seducir, ora por las promesas, ora por los placeres, ora también por las adulaciones de este mundo seductor!” (PE, día 7º).
Y el P. Joaquim, con un mínimo de poesía y un máximo de celo, aduce el ejemplo del joven novicio, “a quien el mundo ya por su hermosura, ya por su talento, ya por las muchas condiciones que le favorecían, acariciaba sobremanera”. Asomado en cierta ocasión en una de las ventanas del noviciado, pensaba en lo feliz que sería si lograra salir del convento y gozar de libertad. En eso observa a cierto pajarillo escapado de su jaula, saltando de tejado en tejado, hasta que le embiste un gavilán y lo destroza, viniendo cabalmente a caer sobre el alféizar de su ventana un pedazo de sus alitas… Y concluye con este propósito: “No más, Corazones Sacratísimos, no más dejarnos seducir por el mundo y sus halagos; en adelante vosotros seréis los únicos dueños de nuestro corazón y el blanco de todos sus afectos”.
El joven Ximet no se sintió jamás enjaulado, sino libre como un pájaro que sube más allá de las nubes.





